Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

lunes, 5 de febrero de 2007

Yasmin Levy, entre Sefarad y Oriente


Descubrí a Yasmin Levy a través del canal 'Mezzo' y hube de esperar a que aparecieran en pantalla los créditos de la canción (precisamente la que aquí interpreta) para salir de mi error. Antes de eso pensaba que la música española contaba con una nueva gran voz y que por alguna extraña y casi intolerable razón la habían descubierto precisamente los franceses. Su nombre, sin embargo, no dejaba lugar a dudas.

Yasmin nació en el barrio Bakaa de Jersusalén hace 31 años. Pero no está tan lejos de ser española. Sus orígenes son sefardíes y su padre, Isaac Levy, nacido en Turquía, fue un importante investigador, recopilador e intérprete de las romansas y kantigas en ladino (la lengua sefardí) de las que las familias judeoespañolas expulsadas en 1492 hicieron su particular y bellísima seña de identidad y testimonio de nostalgia a lo largo de los siglos posteriores.

Era inevitable que, de algún modo, Yasmin 'descubriera' finalmente el flamenco como vía de expresión para su voz extraordinaria y su gusto por la fusión de referencias, sabores y texturas variadas. Ya en su primer disco ('Romance and Yasmin') provocó el disgusto de los puristas al introducir el oud (laud) árabe y las cuerdas clásicas en su repaso a la música sefardí. Sonaba extraño y provocador a los oídos 'ortodoxos' la fusión que ya se apuntaba entre la dulce melodía sefardí, los melismas arábigos y la energía telúrica del flamenco.

En 2002, una beca de la Fundación de Arte Flamenco Cristina Herren hizo posible el encuentro de Yasmin con la música que llevaba en su interior, en las profundas raíces ibéricas de sus ancestros. De su inmersión en la vivencia de España y del flamenco nace, sin duda, la música y las letras de su disco más reciente (2005), 'La judería', a la que pertenece el tema que canta en el vídeo.

Esto es arte. Así que a disfrutarlo. Que nadie os amargue la vida con banderas, banderías y politiquerías fétidas. Tenemos una sola vida. Tenemos un solo mundo.