Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

lunes, 24 de marzo de 2014

Sobresaliente 'cum laude' para Pedro Ruy-Blas por 'El americano'



Con "El americano" Pedro Ruy-Blas ha cumplido un sueño personal largamente acariciado y nos ha hecho a cuantos amamos el 'jazz', o simplemente la buena música, un gran regalo. Estamos ante un disco 'made in Spain' que no tiene nada que envidiar a los firmados por John Hendricks, Al Jarreau o Kurt Elling, y supera en enjundia a los de 'nuevos valores', como Michael Bublé, José James o Sachal Vasandani, apoyados por una promoción de la que Pedro Ruy-Blas carece.


Los aciertos del disco empiezan en la propia selección de los temas. Se trata de 'standards', pero no necesariamente de 'jazz',  tampoco de los más manidos, y sí de los más interesantes. Es evidente que Pedro ha elegido algunas de las piezas que más le gustan, y que, al mismo tiempo, mejor cuadran a su forma de interpretar, con feeling, intensidad y margen para que su poderosa voz exhiba todo su rango. Es un disco hecho desde el corazón,  con pasión y placer. Y se nota. De ahí procede en gran medida la atracción que produce escuchar "El americano", una obra antológica, que sitúa en el mapa global al modesto 'jazz' español, generalmente falto de adeptos, pero no de una nómina -reducida pero sólida- de grandes músicos, que, con el viento en contra, intentan siempre hacer la música que más aman.


Algunos de esos músicos colaboran en "El americano", como Jorge Pardo, compañero de fatigas y amigo de Pedro desde el grupo Dolores, declarado Mejor Músico Europeo por la Academia Francesa de Jazz en 2013; Pepe Robles, Israel Sandoval, Kike Perdomo, Miguel Ángel Egido o Antonio Serrano. El grupo-base, con presencia en casi todos los temas, está formado por Luis Guerra al piano (coautor también de los arreglos) Reinier Elizarde "Negrón” al contrabajo y Noah Shaye a la batería.


Los arreglos, en los que Pedro Ruy-Blas ha colaborado con el pianista Luis Guerra, son un punto muy importante, de hecho decisivo, a favor del disco. Ellos marcan la distinción y la distancia respecto a las versiones precedentes y le dan al conjunto el carácter 'vivo', casi de directo, que transmite, imprescindible o (al menos para mi) preferible cuando se trata de 'jazz'. Este es un disco de sobresaliente 'cum laude' dentro de la música, tantas veces ramplona, que se hace y escucha en este país. Y su protagonista es casi un héroe de película, superviviente al ostracismo y a la derrota de las tentaciones fáciles. La música española le debe mucho, y, como siempre, no lo sabe. 'El americamo' es un recuerdo de ello para cuantos ignoran que siempre ha estado ahí, en la mejor música, en lo suyo, con constancia y sacrificio.


Hay mucho sentimiento y mucha vida metidos en este disco, con el que Pedro Ruy-Blas ha decidido celebrar sus 50 años en la música (empezó a los 15). Mediante el título, evoca el apodo que le daban los chavales de su barrio cuando él también lo era y, gracias a un cuñado estadounidense, llevaba una ropa y escuchaba una música que no estaba al alcance de casi nadie. Fue entonces cuando empezó a nacer el gran músico que hoy es. Hay también dos sentidos recuerdos y homenajes a dos amigos músicos recientemente desaparecidos: el fabuloso pianista y arreglista Horacio Icasto (*), con el que interpreta 'You are gonna hear from me' y el batería Larry Martin, que iba a intervenir en 'Lonely town lonely street' cuando le sorprendió la muerte.  


A falta de vídeos para ilustrar los posts de este blog, como es habitual, me he tomado la licencia de convertir al formato mp3 algunos de los temas del disco. Lamentablemente, tras subirlos a Goear, Blogger no me permite incrustarlos, por lo que he tenido que ponerlos mediante enlaces, con las molestias previsibles para los lectores, que expero me perdonen.  No se trata, de modo deliberado de las piezas más ortodoxamente jazzisticas del disco (menos en el caso de 'You are gonna hear from me', de los Previn). A destacar el hallazgo que supone la versión de 'A whiter shade of pale', cuyo tratamiento refuerza el 'misterio' y la melancolía de la hermosa canción de Procol Harum. Los otros dos temas se mueven en territorios fronterizos: 'Lonely town, lonely street', de Bill Withers (Mr. 'Ain't no sunshine') es deudor del soul y el funk y posee en la versión de Pedro Ruy-Blas una potencia extraordinaria, reforzada por el vibrante saxo de Miguel Ángel Egido. 'Only in it for the money' es uno de los mejores productos salidos de la fecunda factoría del ecléctico Dr. John y constituye la canción más instrumentada y marchosa del disco, con un importante papel del coro.

(*) Siempre están en mi memoria las horas de placer musical que Horacio Icasto y su esposa Connie regalaban hace muchos años en el desaparecido club ‘La Bohemia’ de Santander. Me sentí beneficiario de un raro lujo.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Paco de Lucia: Del flamenco al Olimpo




Siempre he pensado que el mejor homenaje que se puede hacer a un músico, tanto en vida como después de su muerte, es escucharlo, disfrutar de su talento y creatividad, sentir con él. Eso es lo que hoy hago y propongo, tras conocer la muerte de Paco de Lucía. Tanto en España como en todo el mundo, la magia de su guitarra, su biografía y su carrera no necesitan ser extensamente glosados ni ensalzados.



Paco (Sánchez Gómez) de Lucía no es sólo una figura única en su género dentro de la guitarra flamenca, que nunca dejó de cultivar, sino de la guitarra y de la música sin apellidos. Su figura, en cualquier caso, sería inexplicable y más excepcional de lo que es, si previamente no hubieran existido guitarristas como Sabicas, Niño Ricardo, Andrés Segovia o Narciso Yepes. Y mezclo aquí deliberadamente flamenco y música clásica porque lo popular y lo culto nunca han andado muy lejos cuando de arte se trata.



La mejor prueba de esa proximidad y parentesco incuestionable se da en la época romántica, cuando los compositores cultos se vuelven hacia el sustrato musical tradicional de sus propios países y crean a partir de él obras con una carga de energía, emotividad y singularidad muy notable. En España surgen creadores como Falla, Albéniz, Granados, Turina o Rodrigo, a los que rindieron tributo no sólo intérpretes clásicos, como los aludidos Segovia y Yepes, sino también guitarristas nacidos del flamenco como el propio Paco de Lucía.


Nadie construye en el aire. El genio y la inspiración de Paco de Lucía tienen raices muy sólidas, no sólo en la guitarra flamenca, ya innovadora, de Niño Ricardo, o el magisterio clásico-popular del genial Francisco de Tárrega, compositor y virtuoso ejecutante de la guitarra. Está también esa poderosa vena clásica-nacional ya aludida, composiciones que han sido y son interpretadas en todo el mundo sin complejo alguno y con mucho éxito.


Y, por supuesto, está la genialidad de ese músico ‘antidivo’, modesto, interior, que hoy se nos ha ido. Siempre atento y permeable a todo tipo de música, él ha marcado una cota muy elevada en la música española y en la individuación y exaltación de un instrumento que nació plebeyo y al que el talento combinado de plebeyos y cultos ha situado en el Olimpo: "...Un Polifemo de oro: ¡La guitarra", como escribió Lorca.

sábado, 22 de febrero de 2014

Machado y nosotros, en el 75 aniversario de su muerte




Caminante, son tus huellas
el camino y nada más.
Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.

Se cumplen hoy 75 años de la muerte de Antonio Machado en la localidad francesa de Colliure, tan cerca y tan lejos de España, agotado por el dolor de la huída, vacío de esperanza. No es ocioso ni gratuito hablar aquí de uno de los poetas más conocidos entre cuantos sufrieron la desgarradura terrible de la guerra civil y encontraron en ella la muerte (García Lorca) o vivieron un exilio lacerante (ambas cosas en el caso de Machado).

Los poemas de “Don Antonio”, como tantos le conocían, sin que fuera preciso citar su apellido, tienen un papel fundamental – junto con los de Miguel Hernández – en el nacimiento y desarrollo de la canción de autor española, surgida en gran medida para contestar la dictadura franquista y reivindicar la memoria de los escritores republicanos, barrida de los manuales de Literatura y larga y forzadamente ignorada por las editoriales.

Cuando, en 1969, Joan Manuel Serrat publica su disco ‘Dedicado a Antonio Machado, poeta’ no sólo ha tenido que luchar previamente, a brazo partido, con su discográfica, que cree que será un fracaso, sino que está vetado en las emisoras de radio y en TVE (entonces la ‘teleúnica’) como consecuencia de la enardecida polémica creada en 1968 por su decisión de cantar en catalán en Eurovisión (bajo la presión catalanista) el nunca bien ponderado ‘La, la, la’.



Contra todo pronóstico, pero también contra viento y marea, pues al veto mediático del franquismo se une la falta de contratos para actuaciones en España, el disco sobre Machado es un enorme éxito de ventas (uno de los más vendidos entre los suyos, según confesión del cantautor). Lamentablemente será imposible, durante varios años, asistir a su interpretación en directo en España. Serrat parte a Latinoamérica y logra allí, en actuaciones ante un público masivo, el éxito extraordinario que en España le está vetado.




Sería injusto ignorar que antes de que lo hiciera Serrat los versos de Machado habían sido musicados por Alberto Cortez. Y también sería inútil, ya que dos de los doce temas del disco del catalán (‘Retrato’ y ‘Las moscas’) están firmados por el hispano-argentino. Él fue también quien nos dio a conocer las hondas y bellas canciones del cantautor y folklorista Atahualpa Yupanqui, compatriota suyo, ignorado aquí (si exceptuamos alguna versión hortera de ‘Los ejes de mi carreta’) por su militancia comunista, y muy reconocido ya en Francia en aquellos años. Iniciativa impagable.

Son muchos los intérpretes que, con las versiones de Serrat y Cortez o con las suyas propias, han rendido tributo al poeta a lo largo de los años, con mayor o menor difusión y fortuna (más bien menor, dada la calidad y éxito de los predecesores). Uno de ellos es el que suscribe – perdón por hablar de mí por primera y última vez en este blog. Se da la circunstancia de que ya a los 16 o 17 años (1963 o 1964), antes de que lo hiciera Serrat o cualquier otro, que yo sepa, puse música a algunas de las estrofas de ‘Proverbios y cantares’; concretamente a las numeradas IV, VI, XXIX y XLIV (no cantadas en este orden, pero no recuerdo en cuál).

Esa fue mi primera aproximación musical, cómoda y sencilla, a los poemas de Machado. Pero pasaron más de treinta años antes de que pudiera cumplir mi ‘gran ambición’: músicar ‘Yo voy soñando caminos’. Lo había intentado muchas veces y siempre me encontraba con la dificultad que suponía la transición a la parte entrecomillada (“En el corazón tenía…” y “Aguda espina dorada…”). No encontraba una ‘solución’ que sonase natural y coherente con el clímax y el sentido del poema.  Finalmente lo encontré en la ‘jonda’ petenera flamenca. Aquí está el resultado:    .



Mi última aproximación a la memoria ineludible de Machado no es musical, sino poética. Ya había escrito un par de poemas sobre su figura, pero fueron  intentos fallidos, insatisfactorios. En Machado hay que entrar ‘desde dentro’ – valga la paradoja-, desde el interior de su vida y de su obra. Es ahí donde resplandece su verdad conmovedora. Este poema, escrito hace cinco años y que sospecho que seguirá 'haciéndose' mientras no sea publicado canónicamente, es un intento, tal vez pretencioso, de ‘interpretar’ al poeta imaginando las vivencias, sentimientos y pensamientos que experimentó en sus últimas horas de vida.

Último crepúsculo en Colliure

“…me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar”.
Antonio Machado, ‘Retrato’

Muere la tarde a mi espalda y en la arena
se alarga mi sombra
                                    como un árbol
desmochado y lúgubre en un páramo.
El mar, como la vida, se oscurece
hasta tornarse una masa de alquitrán,
                                                                  viscosa.
Ni siquiera el piélago canta su rumor cuando
cae la noche, tan triste, de febrero.
Silente, como todos los vencidos
que en el éxodo amargo me acompañan,
ya ni el mar parece mar.
                                          Como yo mismo, se diría
que ha sido tocado por la muerte.

Exhausto y enfermo, vencido hasta el alma,
a esta playa he venido a extender la mirada
mas abruptamente la noche
                                                 desciende                                     
y no hay salida, ni luz, ni horizonte.
Siento que, desde los tuétanos,
un frío insufrible me agarrota.
Es la muerte, sin duda, que avanza
arrollándome la sangre
como un helado cuchillo
nacido de este dolor mío
                                            insoportable.
Esta muerte me acompaña
a lo largo del camino,
                                      en la derrota simultánea
de la vida y de la guerra.
Desde Madrid a Valencia,
de Valencia a Barcelona,
oí rugir los aviones
como heraldos precursores
de una aurora sin mañana,
orlada de miles de cadáveres.
Mientras mi muerte se unía a todas las muertes
en cada nuevo golpe de otra España,
                                                                  contra toda evidencia
quise cantar la esperanza
pero ya mi voz no era mi voz
ni mi alma era mi alma
ni mi patria era mi patria.

Cuando Caín mata a Abel
por enésima vez, una acerada
quijada rompe la canción,
seca su fuente, agosta las palabras.
Todo se agolpa en la mente
y se torna incoherente
                                       balbuceo
cada intento de discurso.

Sólo el grito, uno infinito y terrible,
es posible cuando cierra la noche
y todo es rabia y temor,                            
                                         todo negrura
y silencio al sur de donde me hallo
más solo que nunca y más cansado.

De espaldas al Poniente en esta noche,
ante un mar opaco que una pared
                                                           semeja.                                       
quisiera creer que, de vuelta a mi cuarto,
hallaré la fuerza y la confianza
para reencontrar mi voz
                                          y escribir
un último canto, pese a todo, de esperanza,
mas me aguardan desvelados, sin quejas,
                                                                          los ojos, tan fijos,
de mi madre anciana, que parecen
pedir explicación de tanto quebranto
                                                                y mudanza,
y otra noche se me negará el sueño
que tanto preciso sin que mi voz
                                                         regrese.

Entre tanto dolor desesperado
aguardaré la muerte, pues. Tan solo eso.
Para mí el camino ha terminado.


martes, 28 de enero de 2014

Ha muerto un 'imprescindible': Pete Seeger

Al borde de sus 95 años de edad nos ha dejado una figura señera, casi legendaria, del folk contestatario estadounidense. Pete Seeger fue, junto a Woody Guthrie (ambos tocaron en 'The Almanac Singers'), una de las figuras más influyentes en la generación de cantautores de los años 60, especialmente en Bob Dylan, que se consideraba discípulo de Guthrie, Tom Paxton y Phil Ochs, y en grupos como 'Peter, Paul and Mary' o 'The Kingston Trio'.

Con Seeger concluye la escuela de cantautores 'folkies' pegados a la realidad social, política y económica de Estados Unidos, militantes frente a una realidad convulsa, desde la Gran Depresión de los años 30 a la guerra de Vietnam en los 60, y consecuentemente integrantes de las 'listas negras' que estigmatizaron y sacaron del camino a algunos de los más valiosos integrantes de la cultura USA. Seeger estaba hecho de un material que ni se dobla ni se deforma, y mucho menos se rompe. Durante tanto tiempo como pudo estuvo presente en todas la movilizaciones, como la de 'Occupy Wall Street' en Octubre de 2011, registrada en la fotografía que ilustra este post.

Fue el principal divulgador del 'spiritual' 'We shall overcome', que acompañó la gigantesca marcha a Washington por los derechos civiles de 1963, y también autor de decenas de canciones, algunas tan famosas como 'If I had a hammer', 'Where have all the flowers gone' o 'Turn, turn turn'.

Como escribió Bertolt Brecht y recordó Silvio Rodríguez en su canción 'Sueño con serpìentes', "Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay hombres que luchan un año y son mejores. Hay hombres que luchan muchos años y son muy buenos.  Pero hay los que luchan toda la vida... Esos son los imprescindibles". Se nos ha muerto un hombre imprescindible. ¿Quién recogerá la antorcha testimonial en estos tiempos en que la serpiente cierra el círculo y estamos de vuelta en le punto cero?

Más sobre Pete Seeger en 'Toda esa música':

Traedlos a casa (40 años después)


Bruce se fue, Pete se queda