Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

jueves, 16 de agosto de 2007

Un año sin Hilario Camacho



Hoy hace un año que, a los 58 de edad, el cantautor madrileño Hilario Camacho tomó su vida y nos dejó. No hay detalles de cómo ni por qué, ni son precisos. La noticia escueta de la agencia EFE daba cuenta de que había sido hallado muerto en su casa y de que había dejado una carta denunciando que el mundo de la música está lleno de estafadores.

Los escasos amigos y compañeros que se dieron cita en el tanatorio para despedirle en un día del desierto agosto madrileño se mostraron golpeados por la sorpresa y la tristeza y describieron a un Hilario Camacho melancólico, depresivo y frustrado. El más sorprendido de todos pareció el productor del disco que acababa de grabar, Alain Milhaud, que habló de un Hilario ilusionado, que había estado ensayando con normalidad su actuación para la presentación del disco.

Sin embargo, fue el propio Milhaud quien -sin duda de modo involuntario- aportó una clave importante para ilustrar el porqué de la denuncia que contenía la carta de despedida del difunto. Queriendo ilustrar y subrayar la ilusión y energía que, según él, Hilario Camacho había puesto en la grabación de su último disco, inédito en la fecha de su fallecimiento, dijo que había grabado los quince temas del disco en una sola sesión.

Lo que Milhaud describió como “un record” es pura y simplemente un despropósito y cabe preguntarse hasta qué punto no fue ese ‘tour de force’, seguramente no deseado por el artista, lo que, metafóricamente, le mató.

El disco, un recopilatorio ideado precisamente por Milhaud, que aparentemente se hallaba jubilado, y que contenía dos canciones nuevas, fue financiado por la Fundación Autor, de la SGAE. ¿Tan escaso era el presupuesto como para ahorrar de modo tan drástico los gastos en el estudio o a alguien se le quedó entre los dedos parte sustancial de lo presupuestado?

Sí, el mundo de la música está lleno de estafadores , de ratas de alcantarilla incapaces de ver en un autor, un cantante o una canción otra cosa que un producto a vender.

Sí, el éxito no depende tanto de la calidad como del marketing.

Sí, las casas discográficas pagan a las radiofórmulas cantidades fabulosas de dinero para que programen de modo continuo los ‘productos’ que han decidido promocionar.

Sí, una canción, un cantante o un autor son cosas de usar y tirar en estos días.

Jugando a ganar por última vez, a los 58 años, Hilario Camacho sabía que había vuelto a perder en el juego cruel al que había dedicado toda su vida. Solo, defraudado y deprimido, decidió apagar su vida tal día como hoy. Nadie pareció haber percibido los mudos gritos de auxilio que profirió durante años.


Hace tiempo era un niño
buen cazador de nubes
y es que al cielo subía
por sumas de escaleras,
trepando por la hierba de luz
del arcoiris
o por los hilos de sol
de mis cometas.

Ahora quiero volar,
sé que antes del silencio,
antes del bien y el mal,
del cruel y del tirano
pasaba por el mundo
sobre ángeles y cosas.
Un hombre libre
con alas en las manos.

Ahora vuelvo a volar,
tengo unas alas blancas
con que abrazar el aire,
rasgar el horizonte,
llegar hasta ciudades
lejanas como sueños
y enseñarles a todos
que es posible la vida,
que es posible la vida,
que es posible la vida,
que es posible la vida.

Suben a mi ventana
gritos alucinados
chirridos de sirena
arañándome entero
y gritos de 'estás loco,
volar es para pájaros',
pero extiendo mis alas,
miro hacia el cielo y salto.

Miro hacia el cielo y salto,
miro hacia el cielo y salto,
miro hacia el cielo y salto,
miro hacia el suelo y caigo.

‘Volar es para pájaros’ es una hermosa canción -no un producto- fruto de la colaboración entre Hilario Camacho y Pablo Guerrero, otro ilustre ignorado por el mercado. La interpretan los hermanos Joaquín y Héctor Lera, pertenecientes también a la inmensa lista de los injustamente marginados por el mercado de usar y tirar. La actuación se produjo en el homenaje dedicado a Hilario Camacho dos meses después de su muerte.

Miro hacia el suelo y caigo, concluye la canción. Como una premonición.