Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

domingo, 31 de diciembre de 2006

Nuevo colectivo afrohispano


La llegada de Concha Buika (1972), de origen guineano y nacida en Palma de Mallorca, al panorama musical español ha sido una revelación y un golpe de aire fresco. También es indicativa de lo que está ocurriendo en las capas inferiores (pero musicalmente superiores), entre quienes hacen música porque la aman e intentan vivir de ella pese a la obstrucción de la corriente principal discográfica y a la conspiración conservadora de Operación Triunfo, que busca y premia cualquier cosa menos la creatividad genuina y el talento personal en libertad.

Concha Buika no sólo tiene talento y una gran voz, sino también una capacidad innata para asimilar todo tipo de referencias musicales y transmitirlas con verdad e intensidad, es decir, con arte, muy especialmente en sus directos.

Si algún problema puede llegar a tener es precisamente el que viene dado por la variedad de recursos de que dispone, que podría dificultar la definición de un estilo propio. Está muy bien poder saltar del hip hop o el funk a la copla o el bolero, del jazz al flamenco, pero es bien sabido que quien mucho abarca poco aprieta. A su favor, sin embargo, pesa una voz grande, dúctil, inconfundible y una personalidad única. Si el estilo es el hombre, como quería Ortega, tal vez el estilo de Concha Buika sea Concha Buika. ¡Casi na!

El arte, la música en especial, al igual que la vida, son un viaje. Y ella está abierta a todas la posibilidades que ofrece. Esperemos que no se pierda en la selva de las mentiras.