Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

domingo, 10 de agosto de 2008

Warda, la más grande de la canción árabe

Harramt Ahebbak


Janat Fetouki, conocida como Warda y también como Warda Al Jazairia (Rosa la argelina), está considerada como la cantante más grande de la música árabe actual, título que sólo le disputa la libanesa Fairuz. Heredera de la tradición musical 'clásica' que tuvo en la mítica cantante egipcia Um Kalzoum su cumbre más alta, nada indicaba en su origen que pudiera llegar donde llegó.

Para empezar, nació en Puteaux (París) en 1940 y vivió en Francia hasta los 18 años (1958), edad a la que su familia (ella era la pequeña de cinco hermanos) optó por emigrar a la tierra de su madre, Líbano, ante las dificultades del padre, argelino, para seguir viviendo en Francia o regresar a Argelia en pleno conflicto colonial. Fue su madre precisamente quien le enseñó a cantar, desde muy pequeña, todas las canciones árabes que conocía.

Sólo tras abandonar Francia, Warda aprende la escritura árabe, que previamente le era desconocida, hasta el punto de que anotaba las letras de las canciones en signos alfabéticos. En Beirut, donde cantaba en un club, la descubre Mohamed Wahab, autor, junto con Farid El Atrash, de muchas de las canciones que su madre le había enseñado.

El Aouyoun el soud



Wahab, al escucharla, comprende de inmediato que está ante una veta de oro puro que es preciso refinar para que brille con toda su luz. Él es un artista generoso, pero muy crítico y exigente y le ofrece sus canciones, pero sobre todo su magisterio en un arte ya entonces amenazado por la influencia occidental. El aprendizaje a fondo del árabe y la descontaminación del acento argelino son algunas de las tareas más leves que la impone, quien seguramente es el co-creador de la artista hoy conocida como Warda.

Otro destacado compositor, Riad Sombati, le atrae en 1960 a El Cairo, referente cultural y político entonces para todo el mundo árabe. Sombati la había conocido en un festival en Damasco, donde Warda interpretó una canción de exaltación nacionalista, y para ella musica dos poemas egipcios del mismo carácter. El propio presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, le pide que participe, como representante de Argelia, en la grabación de una canción, "Al Watan Al Akbar", destinada a todo el mundo árabe. Para Warda, más allá de connotaciones políticas, el éxito y el halago se hacen habituales.

Sólo tres años más tarde viaja a la tierra de su padre, ya independizada, y se casa con un alto oficial del FLN que había conocido en Líbano. Éste le pide que abandone la canción y ella acepta. El matrimonio durará nueve años, durante los cuales el pájaro enjaulado en que Warda se convierte es apartado del sol que le invita a cantar, actividad que era ya su vida.

Sola, con 32 años, Warda regresa tras su divorcio a Egipto, entonces y siempre referente ineludible de la cultura y el arte árabe, donde nadie la ha olvidado. Se casa casi de inmediato con un compositor porque en las sociedades islámicas -entonces y también ahora- una artista, especialmente si es soltera, se haya siempre bajo la observación morbosa y maledicente del ojo público. Antes que ella, Um Kalzoum pactó un matrimonio conveniente con su médico para alejar los rumores de homosexualidad que su soltería y algunas compañías habían generado.

Nar El Ghera

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Todavía se casaría otra vez, con otro compositor del que acabaría igualmente divorciándose, pero si en el amor le acompaña el fracaso, en la música le sucede exactamente lo contrario. Warda consolida en muy poco tiempo su carrera interrumpida y su fama llega a todos los rincones, incluido occidente, de la mano de los mejores autores árabes de canciones, felices de que éstas tomen vida en su voz.

Con su elegancia característica y la solidez de un estilo que bebe en las fuentes tradicionales, la cantante argelina logra mantenerse en primer plano a lo largo de los años, adaptándose con sutileza y eficacia a un mundo musical cambiante. A partir de su país, Argelia, surge con fuerza el 'rai', mientras en su tierra adoptiva del Nilo se impone el 'jeel'. Ambos estilos hacen concesiones a la música occidental, especialmente en la instrumentación, y captan a la juventud árabe.

Para Warda adaptarse a la nueva ola no supone ningún problema insuperable, seguramente porque sus primeros 18 años de vida en Francia arraigaron con fuerza en su espíritu y porque quien ama realmente la música no hace compartimentos estancos en su apreciación. Lo bueno es siempre bueno, independientemente de dónde proceda.

Su interpretación de 'Les feuilles mortes' (1), acompañada a la guitarra por Georges Moustaki (2), alguien cuyas vivencias se le parecen, no deja lugar a dudas de que, al menos en la música, sólo hay un mundo: la música misma.

1) Sirva esta canción como regalo especial a cuantos se acercan a 'Toda esa música' en busca de ella. Y gracias a Google, que hace aparecer este blog en segundo lugar entre los resultados de la búsqueda (al fin descubrí el misterio).
2) Moustaki, de origen griego sefardí, nació en Alejandría (Egipto) y se trasladó a París para componer e interpretar alguns de las mejores canciones en francés de la historia.

Les feuilles mortes

1 comentario:

Anónimo dijo...

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