Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Alejandro Sanz habla claro

Cuando alguien que pertenece al ‘star system’ de la música pone el dedo en la llaga de la industria discográfica -cosa muy infrecuente, por desgracia- es cuestión de celebrarlo. Alejandro Sanz, alguien que sin duda ha sido mimado por un sistema especializado en fabricar ídolos de consumo rápido y masivo e ignorarlos en cuanto bajan sus índices de ventas, es un superviviente de la trituradora de artistas que son las discográficas.

Tal vez por ello ha considerado oportuno, o, mejor dicho, necesario señalar a los culpables ahora que la crisis ha puesto de manifiesto la incapacidad de los grandes 'gestores' de la música para afrontar de modo eficaz un radical cambio del modelo de negocio. La industria y su modelo han estado a punto de destruir a Alejandro Sanz, pese a que hace mucho tiempo que es él quien decide qué graba, con quién y dónde; cuántos, cuáles y cómo van a ser sus vídeos; a dónde ir de gira, etc.

Todo ello, unido a experiencias muy desagradables en su vida privada, le ha llevado a una crisis que ha precisado tratamiento psicológico. La premisa mayor de ese tratamiento es la de anteponer el yo personal, la voluntad propia y la vocación de felicidad a los condicionamientos profesionales que absorben, asfixian y agotan tanto si estás dentro de la burbuja que crean las discográficas como si logras situarte fuera a costa de afrontar o supervisar personalmente todas las tareas, además de las estrictamente artísticas.

La entrevista que hoy publica La Vanguardiano deja lugar a dudas acerca de lo que Alejandro piensa sobre las responsabilidades de la situación actual de la música en España y en el mundo. “Más avaricia que talento y amor al arte”. Eso es lo que hay. Ese es el mayor de los males de la industria discográfica y no la piratería. Mucho marketing, mucho ‘gasto inconfesable’ (¿la innombrable payola?) y falta absoluta de interés por la música y quienes la hacen. Esos, los artistas, los músicos, los auténticos protagonistas del negocio, junto a los aficionados, son ‘el producto’ que los ‘mariscales’ desechan o venden con técnicas de marketing que tienen como base la idea de que siempre se puede dar gato por liebre porque lo han hecho con éxito (al menos económico) muchas veces en el pasado.

¡Chapeau para Alejandro! Eso es hablar claro. A ver si cunde el ejemplo y la música se libra de tanto ‘pasao’ de listo ocupando despachos tan grandes como pisos y sin saber ‘de qué va la película’.

- Usted ha sido crítico sobre la coyuntura musical española. Denunció la piratería, cuestionó la industria, vaticinó el final de un modelo; ¿cuál es su diagnóstico actual?

- En España lo que no falta es creatividad, que la hay y por un tubo. Lo que sí ha fallado, de manera muy grave y con poca capacidad de reacción, es la industria discográfica. Lo de la crisis musical, que es cierta para la mayoría de músicos, no tiene que ver tanto con fenómenos como la piratería sino con que los que durante años han vivido como mariscales no se han enterado de qué va la película.

- Se refiere a las multinacionales, ¿no?

- La gran industria discográfica española se ha devorado a sí misma, y eso suele pasar cuando hay más avaricia que talento y amor al arte. Quienes decidían se dedicaban a pulirse unos presupuestos brutales con promociones absurdas y gastos inconfesables; todo menos invertir en producto nuevo, todo menos arriesgarse. Y eso coincide en un momento en que el modelo del negocio va cambiando radicalmente y los hábitos de consumo ya no tienen nada que ver con los del pasado. Me da la sensación de que todos esos grandes ejecutivos jamás tuvieron una relación directa con el consumidor, no tenían ni idea de lo que la gente quería.


1 comentario:

Anónimo dijo...

No es el primero que denuncia el sistema discográfico en España, pero sí el más importante de los que lo han hecho. Los ejecutivos son el auténtico cáncer de la música. Y es necisario denunciarlo, pero hay otro cáncer en España, que es la SGAE, con la cual seguramente Alejandro Sanz nunca se meterá. Son sus recaudadores. :-(