Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

martes, 29 de mayo de 2007

Mercedes Sosa, un corazón libre

Mercedes Sosa (San Miguel de Tucumán, 1935) es conocida como “La voz de Latinoamérica” y es ese un título ganado a pulso en una larga y coherente carrera, iniciada a los quince años. Especialmente en el subcontinente es vista como una cantante de folklore, pero, al igual que Atahualpa Yupanqui, al que ella ha rendido siempre fecundo tributo, su eco capta la admiración de un público mucho más extenso que el interesado exclusivamente en la expresión popular.

Su voz ha llegado a todos los rincones del mundo no sólo porque es un instrumento amplio y hermoso, sino tambien y sobre todo porque el mensaje que transmite tiene validez universal y se envuelve en una calidad literaria nada común en el folklore. La vida de los humildes y la defensa de la paz, la justicia y los derechos humanos constituyen, junto con el canto al amor, el ‘leit motiv’ de sus canciones.

Las que he seleccionado para este resumido homenaje tienen en común la reivindicación de la libertad y la exaltación de la resistencia. “Como la cigarra” es una poema musicado de la escritora María Helena Walsh. “A Víctor” es un homenaje a Víctor Jara, cuya voz y creatividad fueron brutalmente abortadas por el fascismo pinochetista, obra de Otilio Galíndez y Roberto Todd. “Chacarera del olvidao” es una composición de Duende Garnica. Finalmente, “Corazón Libre” tiene como autor a Rafael Amor, que ha hecho buena parte de su carrera en España enarbolando siempre la bandera de su independencia artística y logrando llegar al público con sus directos en solitario, plenos de fuerza y poesía. El disco de Mercedes Sosa, que lleva precisamente por título el de la canción de Rafael, ha logrado un Grammy del que el cantautor irreductible se siente justamente copartícipe.



Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aqui
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.




No puede borrarse el canto
con sangre del buen cantor
después que ha silbado el aire
los tonos de su canción.

Los pájaros llevan notas
a casa del trovador;
tendrán que matar al viento
que dice lucha y amor.

Tendrán que callar el río,
tendrán que secar el mar
que inspiran y dan al hombre
motivos para cantar.

No puede borrarse el canto
con sangre del buen cantor,
tendrán que matar al viento
que dice lucha y amor.

Tendrán que callar el río,
tendrán que secar el mar
que inspiran y dan al hombre
motivos para cantar.

Tendrán que parar la lluvia,
tendrán que apagar el sol,
tendrán que matar el canto
para que olviden tu voz.




De tu palo soy,
hijo de tu cuero.
Soy el olvidao
en la alcancía del tiempo,
el que se quedó
de pie poniéndote el pecho.

Flor obrera soy
silvestre de espuma.
Cuando el tren se va
miro en las vías la luna
pensando: tal vez
mi pueblo encuentre fortuna.

Mi bofe se hinchó
cuando repartieron.
De mi no se acuerdan,
dicen que nunca me vieron,
que no soy de aquí,
que ya no tengo remedio.

Soy el olvidao,
el mismo que un día
se puso de pie
tragando tierra y saliva
camino hacia el sol,
para curar las heridas.

Una herida soy
buscando el salario.
Maestros de pie
cuidando pichones blancos
que madurarán
iluminando este pago.

Soy el que quedó
en medio e'los ranchos,
guacho del fiao
a un mate y guiso inventado.
Hambre y rebelión
fueron creciendo en mis manos.

No quiero de más,
quiero lo que es mío.
Al maso trampeao
quiero torcerle un destino.
Levántate cagón
que aquí canta un argentino.

Te han sitiado, corazón, y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón, son los que no luchan.
No los dejes, corazón, que maten la alegría.
Remienda con un sueño, corazón, tus alas malheridas.

No te entregues corazón libre, no te entregues.
No te entregues corazón libre, no te entregues.

Y recuerda, corazón, la infancia sin fronteras,
el tacto de la vida, corazón, carne de primaveras.
Se equivocan, corazón, con frágiles cadenas,
más viento que raíces corazón, destrózalas y vuela.

No te entregues corazón libre...

No los oigas, corazón, que sus voces no te aturdan.
Serás cómplice y esclavo corazón, si es que los escuchas.

No te entregues corazón libre...

Adelante, corazón, sin miedo a la derrota.
Durar, no es estar vivo, corazón, vivir es otra cosa.

1 comentario:

Carlos G.P. dijo...
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