Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Alisa Weilerstein: Una pasión, al violonchelo


La música llamada culta no ha sido objeto de atención en 'Toda esa música' a lo largo de sus ocho años de existencia, ni previsiblemente lo será en un futuro, ya que el blog no nació con ese propósito. Sucede, sin embargo, que en los últimos tiempos escucho este tipo de música mucho más que cualquier otro, lo cual seguramente se debe a cierta saturación y aburrimiento causado por la reiteración de fórmulas musicales que yo califico como 'previsibles' en la música popular. 

Así, mientras me dedico a otras cosas (leer, escribir, informarme, investigar..) la banda sonora de fondo, cuando la hay, es siempre música culta, sin discriminación alguna de época o género. No es raro que, en casos concretos, abandone brevemente mis tareas para centrarme en la música, pero sí lo es que lo que oigo me lleve a abandonar toda actividad en beneficio exclusivo de la escucha. Eso es lo que me ocurrió recientemente con la interpretación que la violonchelista Alisa Weilerstein hace de 'Variaciones sobre un tema rococó', composición que Chaikovski, su autor, consideraba uno de sus mejores logros.

 Variaciones sobre un tema rococó


Alisa fue una niña prodigio, lo cual no siempre garantiza una carrera brillante, pues la 'genialidad' infantil conduce no pocas veces a la mediocridad adulta, si no media la pasión constante por la música y la ambición de hallar la propia voz mediante el trabajo y la exploración constantes. Pasión, esfuerzo e intensidad son precisamente las armas de esta intérprete, criticada en ocasiones por su 'revisión personal' de algunas piezas, pero aplaudida con mayor frecuencia por su capacidad de emocionar e incluso deslumbrar al auditorio más allá del mero virtuosismo que exige cada partitura que afronta. 

Admiradora incondicional de la malograda cellista Jacqueline Du Pré, que fue esposa de Daniel Barenboin, confiesa que, a los doce años, escuchaba el Concierto en mi menor para cello de Elgar hasta diez veces al día y que abandonó tal adicción para evitar que ejerciese sobre ella una excesiva influencia. Pese a ello, algo hay de la expresividad musical y también en cierta medida gestual de su modelo en la propia Alisa, interprete o no a Elgar. La Weilerstein cumplió hace poco más de un año el que había sido su 'sueño imposible': grabar el concierto de Elgar bajo la batuta de Barenboin, el gran maestro judeoargentino, que le dio las claves para una interpretación de extraordinaria expresividad y belleza. He aquí un breve fragmento: 

Concierto para cello de Elgar, con la Filarmónica de Berlín


Este texto, obviamente, es una invitación a escuchar y seguir la trayectoria de esta artista sobresaliente, que, sin duda, nos reserva futuras sopresas y placeres. Algo que no había mencionado, y que es preciso reseñar, es que uno de sus intereses prefeentes se centra en la música contemporánea.