Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

viernes, 27 de junio de 2008

Dick Annegarn: La libertad, primero

Bruxelles


La carrera artística de Dick (Benedictus Albertus para el registro) Annegarn (1952) es tan singular como él mismo. Nacido en La Haya, se crió en Bruselas, donde su padre trabajaba como traductor. El francés se convierte pronto en su segunda lengua y a ella se sumará sin dificultades el inglés. Cuando comience a componer canciones lo hará en ambas lenguas, aunque concediendo prioridad a la de Moliere, pues es en Francia donde echa sus raíces.

Brel y Brassens están en su bagaje musical inicial, pero también la canción folk estadounidense y el blues. Cuando aterriza en París a principios de los 70 ya es un guitarrista dotado y con los oídos ampliamente abiertos a cuanto suena alrededor. Tiene una voz propia -que suena bastante gutural, por cierto-, y un estilo ecléctico. Es un original letrista, lleno de recursos e ingenio y en 1974 graba su primer disco, saludado por el éxito.

J'échoue


Durante cuatro años Annegarn se sumerge en la vorágine que constituye el medio ambiente natural del artista de éxito, pero en un momento dado descubre que no es eso lo que anda buscando, que no quiere vivir esclavizado a una cadena de producción de entretenimiento en la que el artista es fagocitado por una máquina sin alma que sólo le ve como un producto a vender en grandes cantidades. Se aleja del circo, al que sólo regresará periódicamente bajo sus propia condiciones. “Un día yo era rico y lleno de pasta. Tenía más amigos de los que cuentan mis dedos, incluidos los de los pies. Yo era producto prolijo a precio fijo. Yo era barato, un buen negocio”, cantará más tarde en su 'Chanson du vieux auteur'.

Su rechazo a la estructura y usos del 'show business' es radical y como consecuencia, los documentos videográficos disponibles, muy escasos. No deja de ser revelador que, entre los vídeos que pueden encontrarse en Youtube o Dailymotion predominan los que han subido sus seguidores con sus propias versiones o imágenes de su elección para ilustrar la música.

La transformation


Annegarn expresa su malestar con el circo mediático en diversas canciones. “Yo soy varios, yo soy toda una familia, yo me amo y me odio”, canta en 'Polymorphoses'. En 'Mireille' recurre a la metáfora, relatando la historia de una mosca amaestrada por un delincuente que termina sus días bajo el pulgar de un camarero. La inventiva, el ingenio y un personal aliento poético son las marcas de fábrica de este artista, devenido de culto, que parece una imposible mezcla entre Jacques Brel y Serge Gainsbourg aderezados con la cadencia calurosa de Río y la febril humedad acompasada del Mississippi.

Su distanciamiento del circo mediático no supone en absoluto una claudicación. Por el contrario, inicia una guerrilla que tiene por objeto subvertir la relación mistificada (y mitificada) entre artista y público. Una relación que él describe en estos términos: “es una diversión que da buena conciencia a los que la pactican y hace inactivos a los que la consumen, en un contexto en el que cada uno debe luchar para vivir, comer y tener un techo”. La alternativa que él plantea es la de una especie de mercado ambulante en el que cada artesano vende sus propios productos.

Soleyman


Definitivamente artista 'underground' (si tal definición es algo más que un eufemismo), sus iniciativas van desde comprar una barcaza y convertirla en tienda y panadería durante el día y café cantante y recitante al caer el sol hasta recorrer los pueblos con un peculiar tenderete en el que se leen y comentan las noticias, en un intento de participación popular.

Con periodicidad irregular desde la ya remota fecha de su retiro, Dick Annegarn sigue publicando discos. Esa es toda su concesión a la industria, pues no participa en su promoción ni se embarca en giras extenuantes. Actualmente reside en un pequeño pueblo del sur de Francia, Comminges, más cerca de la frontera española que de la ciudad de Toulouse, la más próxima, y allí convoca cada año su 'Festival du verbe', celebración del arte de la comunicación verbal al que acuden artistas y 'amateurs' de diversas actividades en un clima alejado de toda connotación ritual o jerárquica.

Repito lo dicho tantas veces. Esto es una invitación -o una incitación, generalmente ferviente- a que cada cual descubra al artista del que hablo. En el caso de Dick Annegarn hay mucho por descubrir y celebrar. Las canciones que aquí se reproducen sólo son un muestrario muy limitado (y obsoleto) de lo mucho que este artista puede ofrecer.

Coutances

1 comentario:

Anónimo dijo...

J'adore sa chanson dédié a Bruxelles. Je me rend compte en l'écoutant que j'adore Bruxelles et vivre loin d'elle me parait impossible.