Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos.

jueves, 4 de octubre de 2007

Little Jack Melody, una rareza texana

Una de las cosas más difíciles de determinar acerca de Little Jack Melody (en lo sucesivo LJM) es su identidad real. Ese dato no está en ninguna parte y la única pista para lograr esclarecerlo es una referencia que aparece en su biografía: su pertenencia durante años a la banda de fusión Schwantz Lefantz como bajista. Eso nos condujo a Steve Carter, pero ese es un nombre que designa a varios músicos, el más famoso de los cuales también residente en Texas, pero adscrito a la música country. Finalmente un foto en la contraportada de un single bastante rústico publicado por el singular grupo del que fue miembro confirmó sin lugar a dudas que efectivamente su identidad es Steve Carter. Su nombre de guerra artístico, según su propia aclaración, procede de un protagonista menor de la ‘beat generation’, cuya existencia he intentado constatar inútilmente. Tal vez, en su característico estilo irónico, se refiera a Jack Kerouac, por quien confiesa admiración.

LJM no es el típico músico autodidacta. Estudió en el College of Music de la Universidad del Norte de Texas (UNT), que posee un gran prestigio y tiene a gala haber sido el primero en crear una sección didáctica de jazz, y se especializó en composición. Nacido en Houston, se radicó en Denton, la ciudad que es sede de la universidad, de lo que cabría deducir –no me ha sido posible confirmarlo- que su actividad profesional estaría vinculada a la UNT. En cualquier caso, sus actuaciones son bastante esporádicas, lo que inclina a pensar razonablemente que no vive precisamente de los ingresos que le reportan.

No sin ironía, LJM describe su proyecto junto a The Young Turks, formación por la que ha pasado ya casi una treintena de músicos (ningún problema en Denton), como una iniciativa de protesta en dos frentes: en el musical, como reacción a la era de la síntesis digital y el imperio de la electrónica (en su instrumentación han figurado instrumentos como el armonium o la tuba); en el literario, rescatando el carácter crítico y las buenas letras del viejo movimiento europeo del cabaret. Brecht y Weill ocupan lugar de honor en su particular altar.

Es canción popular lo que LJM ofrece, pero con una exigencia de calidad e interés en letras y músicas consciente y beligerantemente inhabitual. Sin duda por eso es una delicia escuchar sus discos. Que el éxito no le haya acompañado -suponiendo que lo haya buscado- lejos de ser un argumento desfavorable constituye una confirmación de su interés. No le han faltado comentarios elogiosos de publicaciones como Rolling Stone, Esquire, Musician o Keyboard, pero eso es igual a nada si las FM no programan los discos o sólo reproducen ocasionalmente alguna canción a título anecdótico.

Bien sabemos que las listas de éxitos de todo el mundo raramente contienen otra cosa que música (en ocasiones ni eso) de consumo, de usar y tirar. Nunca encontraremos ahí, ni por error, a un artista que mencione entre sus influencias musicales y literarias algunas como estas, tan heterogéneas: Brecht/Weill, Randy Newman, Carla Bley, Hubert Selby Jr., Weimar Cabaret, Tom Waits, Nino Rota, Stephen Sondheim, Raymond Carver, Frank Sinatra, Jonathan Swift, las bandas del Ejército de Salvación, la Banda Sinaloense el Recodo de Don Cruz Lizárraga, W.B. Yeats, Teddy Edwards, Guy Lombardo, Joni Mitchell, la generación Beat, Astor Piazzolla, Edward Hopper, Francis Bacon, el Leonard Cohen de los comienzos, Nick Drake, William Blake, Henry Miller, Lewis Furey, Andrew Wyeth, Thomas Hart Benton, Magma, Richard Sinclair, Henry Cow, Robert Wyatt… y el café. Siempre un punto de ironía y humor.

A riesgo de incumplir todas las normas no escritas de un blog podría seguir escribiendo largamente sobre LJM, glosar sus excelentes canciones (podéis disfrutarlas en el post anterior), preguntarme por qué no ha venido a Europa, donde triunfan una Ute Lemper o un Paolo Conte, por poner sólo un par de ejemplos europeos de afinidad artística. Eso nunca sustituirá a la experiencia concluyente de escuchar su música. Y lo escrito no es otra cosa que una ferviente invitación a hacerlo.

Si os gusta lo que oís, podéis tomar nota de que tres de los discos están a la venta en su web.




Letra de On the Blank Generation

Greetings from the Promised Land/ welcome, chosen few/ Anything for Everyman/ I know what’s let’s do:/
Let’s say the clouds all go away/ let’s say today’s a holiday/ the mirror broke into a million magazines/ how do you like my hair?/ Let’s stretch this fifteen minutes out/ let’s call this whimper here a shout/ let’s give the beggars some delicious recipes/ and let them eat cake./
“Milk and honey everywhere,/ wishing you were here,/ have enclosed a drop or two/ as a souvenir.”
Let’s say the skies are always blue/ let’s say that wishes do come true/ a magic mirror spawned a million magazines/ how do you like my hair?/ Let’s make our quarter hour shine/ let’s toss a pearl toward the swine/ let’s send the peasants some attractive napkin rings/ and let them eat cake./
(Squeaky wheels always seem to get/ more than their share of grease these days;/ that’s why it all equals out- / see how it all equals out?/ So what the hell’s there to squeak about?)/
Let’s say the rainbow has been cleared/ let’s say that Kansas disappeared/ who needs a mirror in a land of magazines/ how do you like my hair?/ Let’s take our fifteen minute stance/ let’s sing about the Queen of France/ let’s treat the masses to imported charity a crust of bread?/ --Try this instead,/ we’ll let you eat cake./



El video aquí reproducido forma parte de un corto de 16,45 minutos (Across town from everywhere) realizado en 2002 por la artista gráfica y cineasta Suzie Kidnap. A ella se debe, en gran parte, la presencia de videos de Little Jack Melody en Youtube y fue esa presencia la que me invitó a escribir sobre este ilustre desconocido del que creía ser el único conocedor y admirador en el viejo continente.