Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos, pese a que, con mucha frecuencia, es la más valiosa.
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domingo, 30 de octubre de 2011

30 aniversario de Brassens: 'Les passantes'



Ayer se cumplieron 30 años de la muerte de Georges Brassens y yo lo olvidé, pese a que días atrás había tomado nota del aniversario. A instancias del actor Lino Ventura el cantautor interpreta ‘Les Passantes’, cuya letra pertenece a un poeta, Antoine Pol, cuya memoria sólo ha salvado del olvido esta canción. Maxime Le Forestier, presente en el mismo programa de TV y aventajado discípulo del maestro de Sète junto a Georges Moustaki, se suma en algunas estrofas. 
Traducción de la letra:
“Quiero dedicar este poema/ a todas las mujeres que uno ama/ durante algunos instantes secretos;/ a esas que apenas se conoce,/ que un destino diferente arrastra/ y que nunca se vuelven a hallar.
A esa que se ve aparecer/ un segundo en su ventana/ y que presto se desvanece/ pero cuya esbelta silueta/ es tan graciosa y frágil/ que a uno le deja alborozado.
A la compañera de viaje/ cuyos ojos, encantador paisaje,/ hacen parecer corto el camino;/ que uno es el único, quizás, en comprender/ y que se deja sin embargo bajar/ sin haber rozado su mano.
A la fina y flexible bailarina/ que te pareció triste y nerviosa/ una noche de carnaval;/ que quiso quedar desconocida/ y que nunca ha vuelto/ a girar en otro baile.
A esas que ya están tomadas/ y que viviendo horas grises/ junto a un ser demasiado diferente/ te han, inútil locura,/ dejado ver la melancolía/ de un porvenir desesperanzador.
Caras imágenes divisadas, / esperanzas de un día frustradas,/ estaréis mañana en el olvido./ A menos que la felicidad ocurra/ es raro que uno recuerde/ los episodios del camino.
Pero si se ha malgastado la vida/ se piensa con un poco de envidia/ en todos esos goces entrevistos, / en los besos que no se osó tomar,/ en los corazones que deben esperarnos,/ en los ojos que no se han vuelto a ver.
Entonces, en las noches de lasitud,/ totalmente poblada su soledad/ por los fantasmas del recuerdo,/ se lloran los labios ausentes/ de todas esas bellas fugaces/ que no se ha sabido retener.”
 

domingo, 14 de octubre de 2007

Paolo Conte: Un poeta de voz rota con un piano


No es fácil hablar de alguien tan excepcional, tan escasamente convencional, tan único como Paolo Conte. Se corre el riesgo de caer en la simplificación, en el lugar común, en el tópico siempre tentador sin llegar al tuétano de lo que este hombre singular, que apenas canta -en el sentido estricto del término-, es y significa dentro de la música.

De entrada hay que decir que uno se pierde más de la mitad de la belleza que Conte es capaz de comunicar si ignora lo que dicen sus letras. Es un poeta quien, sentado ante el piano, recita con su voz ronca nostalgias, pequeñas historias íntimas o generacionales, instantáneas frecuentemente tintadas de color sepia, con ironía, con ternura y, sobre todo, con fortuna y originalidad expresiva.

Paolo Conte (1937, Asti, Italia) era abogado en una familia de abogados. Componer canciones fue durante cierto tiempo una afición que compartía con su hermano Giorgio, con el que colaboró inicialmente. Progresivamente, los temas que compone para otros cantantes, especialmente los que firma junto al profesor de música Michele Virano, residente también en Asti, van logrando éxito tras éxito en la voz de artistas como Adriano Celetano, Caterina Caselli o Patty Bravo.

Pero sólo en 1974, con 37 años, Conte decide plegar definitivamente la toga y convertirse en cantautor, el más singular e interesante de un país pródigo en ellos y que ‘patentó’ la expresión resultante de la fusión de los términos ‘cantante’ y ‘autor’. No es el éxito inmediato, por supuesto. Sus canciones son definitivamente suyas y ya no hará concesiones a la comercialidad. Asume que no es un cantante de multitudes y busca sólo disfrutar y vivir de la que es su auténtica pasión: la música. Naturalmente, lo consigue.

Para ese fin su ya manifiesta creatividad cuenta con un bagaje de cultura musical muy extenso y nada común:

- El ‘jazz’, su amor de adolescencia que nunca le abandonará, es la sólida base armónica y rítmica de la que parte.

- La propia canción italiana con toda su extraordinaria riqueza, en la que Domenico Modugno había introducido una revolución estilística de largo alcance.

- La canción de autor francesa, con Jacques Brel como principal referencia.

- La música Latinoamericana, fundamentalmente la argentina, con el tango y la milonga en vanguardia.

De modo progresivo Paolo Conte se transforma en un cantautor de culto, una especie de Tom Waits a la europea que, pese a sus obvias limitaciones vocales, seduce a los auditorios, primero en Francia, luego en Holanda y hoy en todas partes, incluso en Estados Unidos.

Este mes, quien quiera y pueda tiene la oportunidad de gozar de la experiencia de escucharlo en directo. Actuará el día 28 en Gerona y el 30 en Barcelona. Yo, lamentablemente, no podré disfrutar de tal privilegio.

‘Azzurro’, la canción que interpreta en el primer vídeo fue un éxito popular en la voz de Adriano Celentano en 1968 y ha llegado a convertirse en el himno extraoficial de la ‘squadra azzurra’, la selección italiana de fútbol. Para Conte es un final de actuación típico, ineludible, pues si la olvida el público se la exige invariablemente, como ocurrió en esta actuación en Ámsterdam.




Cerco l'estate tutto l'anno
e all'improvviso eccola qua.
Lei è partita per le spiagge
e sono solo quassù in città,
sento fischiare sopra i tetti
un aeroplano che se ne va.

Azzurro,
il pomeriggio è troppo azzurro
e lungo per me.
Mi accorgo
di non avere più risorse,
senza di te,
e allora
io quasi quasi prendo il treno
e vengo, vengo da te,
ma il treno dei desideri
nei miei pensieri all'incontrario va.

Sembra quand'ero all'oratorio,
con tanto sole, tanti anni fa.
Quelle domeniche da solo
in un cortile, a passeggiar...
ora mi annoio più di allora,
neanche un prete per chiacchierar...

[Estribillo]

Cerco un pò d'Africa in giardino,
tra l'oleandro e il baobab,
come facevo da bambino,
ma qui c'è gente, non si può più,
stanno innaffiando le tue rose,
non c'è il leone, chissà dov'è...

[Estribillo y final]


TRADUCCIÓN

Busco el verano todo el año/ Y de repente aquí está./ Ella se ha largado a la playa/ Y estoy solo aquí arriba en la ciudad,/ Siento zumbar sobre el tejado/ Un aeroplano que se va.

[Estribillo] Azul,/ La tarde es demasiado azul/ Y larga para mi./ Me noto/ como carente ya de recursos/ sin ti/ y entonces/ yo casi casi tomo el tren/ y voy voy hacia ti/ pero el tren de los deseos/ En mis pensamientos en sentido contrario va.

Parece cuando estaba en el oratorio,/ Con tanto sol, hace tantos años./ Aquellos domingos solitarios/ En un patio, paseando…/ Ahora me aburro más que entonces/Ni siquiera un cura para charlar…

[Estribillo]

Busco un poco de África en el jardín/ Entre el laurel y el baobab,/ Como hacía de pequeño,/ Pero aquí hay gente, ya no se puede,/ están regando tus rosas,/ No está el león, quién sabe dónde está…

[Estribillo y final]



En el segundo vídeo interpreta ‘Sotto le stelle del jazz’ ('Bajo las estrellas del jazz), una evocación de su pasión adolescente por una música que, como él relata, las chicas rechazaban y que causaba la misteriosa desaparición de la cubertería de plata doméstica.

martes, 9 de octubre de 2007

Ute Lemper: El cabaret continúa



Tras escribir mi último post sobre Little Jack Melody caí en la cuenta de que mencionaba a dos artistas, Ute Lemper y PaoloConte, de los que -paradójicamente- no existe referencia en Toda esa música. He aquí una pequeña subsanación. La polifacética y versátil artista alemana canta 'The case continues', obra de Neil Hannon y Joby Talbot, y 'Little water song'. 'The case continues' está integrada en el album 'Punishing kiss" (2000), fruto de una acertada selección de temas y colaboraciones que, aparte de los ya mencionados, incluye a Tom Waits, Nick Cave o Elvis Costello (más posts pendientes). Son obras que podrían representar la morbidez y la calidad literaria y musical de un inexistente cabaret contemporáneo.

El binomio Brecht/Weil nunca ha estado ausente como referencia en aquellos que buscan crear e interpretar canciones que se salgan del camino trillado y pestilente.

Letra de "Case continues"

The victim was a woman, a woman in her prime.
The suspect was a lover he had no alibi.
The weapon was a phone call in the dead of night.
You know I never really thought you had it in you.
The case continues

The suspect was a cruel self-motivated man.
He held the victim's heart in the palm of his hand.
The motive is a mystery I'll never understand.
The final cut went deep down to the very sinew.
The case continues

Why did the blood-stained sheets that burned turn quite so cold?
My only crime was passion wild and uncontrolled.
If sex were an Olympic sport we'd've won the gold.
Oh tell me that there's still a little love left in you.
The case continues

The final cut went deep down to the very sinew.
The case continues

The victim is in shock there's not much more to say.
The suspect made a smooth and silent get-away.
The scars may slowly heal but they'll never go away.
I only hope that one day you understand just what I've been through.
The case continues

I only hope that one day you understand just what I've been through.
Oh tell me that there's a little love left in you.
The case continues.

TRADUCCIÓN
La víctima era una mujer, una mujer en su florecimiento./ El sospechoso era un amante que no tenía coartada./ El arma, una llamada telefónica en el silencio de la noche./ Sabes que nunca pensé realmente que tuvieras la culpa./ El caso continúa.

El sospechoso era un hombre cruel automotivado./ Tomó el corazón de la víctima en la palma de su mano./ El motivo es un misterio que nunca comprenderé./ El corte final llegó profundamente al mismo nervio./ El caso continúa.

¿Por qué las sábanas manchadas de sangre que quemaba se volvieron tan completamente frías?/ Mi único crimen fue pasion salvaje y descontrolada./ Si el sexo fuera un deporte olímpico hubiéramos ganado el oro./ Oh, dime que todavía queda un poco de amor en tu corazón./ El caso continúa.

El corte final llegó profundamente al mismo nervio.
El caso continua.

La víctima está bajo el shock, no hay mucho más que decir.
El sospechoso hizo una suave y silenciosa huida.

Las cicatrices pueden curar lentamente, pero nunca desaparecerán.
Sólo espero que un día comprendas por lo que he pasado.
El caso continúa.

Sólo espero que un día comprendas por lo que he pasado./ Oh, dime que todavía queda un poco de amor en tu corazón. El caso continúa.


domingo, 29 de octubre de 2006

25 años sin Brassens





Hoy hace 25 años que murió Georges Brassens, según me entero por ‘Le Monde’. ¡Como pasa el tiempo! No recuerdo si entonces escribí algo porque en el año 81 andaba muy ocupado mañana tarde y noche. Tampoco tengo ahora tiempo de extenderme ni de buscar lo que escribí (si lo hice) y autoplagiarme, o por lo menos intertextualizarme moderadamente, que es lo que ahora mola más.

Brassens fue una de las tres deidades principales (con Jacques Brel y Leo Ferré) de la canción de autor en francés en tiempos en los que en Francia la canción de autor era casi toda la canción. Sus 25 años criando malvas no le han relegado al olvido. Los homenajes a su persona, incluso por parte de la nueva generación de cantantes y grupos franceses son frecuentes y las reediciones de sus grabaciones y actuaciones filmadas encuentran un mercado bien dispuesto.

Brassens fue un iconoclasta anarquizante y desenfadado que tenía la virtud de acelerar la producción de ácidos gástricos entre la burguesía gala. Sus canciones siguen vivas precisamente por el ingenio y la virulencia que caracterizaba a muchas de ellas.

Esto es un breve homenaje y esta, la traducción de una de sus canciones más célebres, “El gorila”, que interpreta en el video:

A través de grandes rejas/ las féminas del barrio/ contemplaban a un poderoso gorila/ sin pensar en el qué dirán./ Con impudor las comadres/ escrutaban un lugar preciso/ que rigurosamente mi madre/ me ha prohibido citar aquí. ¡Ojo al gorila!

De pronto la prisión bien cerrada/ donde vivía el bello animal/ se abre a saber por qué. Yo supongo/ que debieron cerrarla mal./ Saliendo de su jaula el mono/ dice “es hoy cuando la pierdo”/ Hablaba de su viginidad./ ¡Espero que lo habías adivinado!./ ¡Ojo al gorila!

El jefe del zoológico/ gritaba agitado ¡“Mecagüental!/ Es terrible porque el gorila/ nunca ha conocido hembra"./ Cuando la femenina multitud/ supo que el gorila era virgen/ en lugar de aprovechar la suerte/ salió disparada como un tiro./ ¡Ojo al gorila!

Aquellas que allí mismo antes/ le devoraban con ojo decidido/ huyeron probando que no tenían/ coherencia con sus ideas/ Su temor era tan vano/ porque el gorila es un cachondo/ superior al hombre en la erección./ Muchas mujeres os lo dirán./ ¡Ojo al gorila!

Todo el mundo se precipita/ fuera del alcance del mono en celo/ salvo una vieja decrépita/ y un joven juez de madera seca./ Viendo que todas salen espantadas el cuadrúmano aceleró/ su balanceo hacia las ropas/ de la vieja y el magistrado./ ¡Ojo al gorila!

”¡Bah!, suspiraba la centenaria/ que todavía se me pueda desear/ sería extraordinario/ y para decirlo todo inesperado”./ El juez pensaba impasible/ “que se me tome por una mona/ es compelatamente imposible.”/ Los hechos probaron que no./ ¡Ojo al gorila!

Suponed que uno de vosotros pueda estar,/ como el mono, obligado a/ violar a un juez a un ancestro./ ¿cuál elegiría de los dos?/ Si semejante alternativa/ me urge uno de estos cuatro días/ es, estoy convencido, la vieja/ quien sería objeto de mi elección./ ¡Ojo al gorila!

Pero por desgracia si el gorila/ en los juegos de amor vale su precio/ se sabe que en cambio no brilla/ ni por el gusto ni por el espíritu./ Entonces, en lugar de optar por la vieja/ como hubiera hecho otro cualquiera/ cogió al juez de la oreja/ y le arrastró a un seto./ ¡Ojo al gorila!

La continuación sería deliciosa./ Desgraciadamente no puedo/ contarla y es lamentable,/ nos hubiera hecho reir un poco/ porque el juez, en el momento supremo,/ gritaba ¡mamá!, lloraba mucho/ como el hombre que ese mismo día/ él había hecho cortar el cuello./ ¡Ojo al gorila!