Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos, pese a que, con mucha frecuencia, es la más valiosa.
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martes, 20 de agosto de 2013

Miquel Pujadó, referente primordial de la cançó de ahora



La 'nova cançó' hace mucho tiempo que dejó de ser nueva, pero la cançó pervive y persiste como canción de autor de una notable calidad musical y literaria, a la que acompaña desde sus inicios una especie de 'mala salud de hierro' en lo estrictamente comercial. Si vivir de la música es cada día más complicado en toda España, la dificultad en Cataluña, cuando se canta exclusivamente en catalán, se acentúa como consecuencia del reducido mercado al que se dirige, que, a su vez, no consume exclusivamente música autóctona, ni mucho menos, como ocurre en tantos casos.

L'Enriqueta ('Fernande', de Georges Brassens) *
 

La 'edad de oro' de la 'nova canço', con protagonistas como Raimón, Lluis Llach o María del mar Bonet -por nombrar sólo a los más conocidos y apreciados a nivel peninsular e internacional-, ha caducado en la misma medida en que el componente político que alentó el fenómeno de los cantautores en todo el Estado ha ido languideciendo, salvo en su componente nacionalista (ahora más implícita que expresa), cuando se trata de cantautores catalanes, vascos o gallegos.


Sìsif, poema de Agustí Bartra
 

En Cataluña, 52 años después de la fundación de 'Els setze jutges', que alentó el nacimiento de la 'nova cançó', brilla hoy especialmente, por su intensa actividad y su fidelidad a los orígenes, Miquel Pujadó, que sólo tenía dos años de edad cuando el grupo inicial se constituyó. Con 21 discos publicados hasta la fecha (algunos de ellos dobles), la adaptación de medio centenar de canciones de Brassens al catalán, sus trabajos y colaboraciones para y con otros artistas catalanes y una capacidad de iniciativa incesante, Pujadó es en estos momentos un referente primordial e ineludible de la cançó en nuestros días.

Su extraordinaria creatividad no se limita sólo a la elaboración de sus propias canciones, sino que, además de la ya citada labor con los textos de Brassens, musica a poetas como Joan Maragall o Agustí Bartra, interviene en iniciativas teatrales y radiofónicas de enorme significación cultural y, en sus ratos libres, escribe torrencialmente: trece libros hasta ahora, entre los que destaca un extenso y bien documentado 'Diccionari de la canço', instrumento insoslayable para quien quiera conocer en sus pormenores el `quién es quien' de la canción catalana.


La balada del bes, poema de Joan Maragall
 

Soy consciente de que este texto y los vídeos adjuntos no bastan para dar una idea suficiente de todas las dimensiones de un personaje tan prolífico y polifacético. Me conformaría con que, al menos, generasen en el lector interés por conocerlo más y mejor. Quien quiera saber más tiene a su disposición su web personal, además de Youtube y las búsquedas en Google. 

* L'Enriqueta, una de las canciones más provocadores y procaces de Georges Brassens, forma parte del último CD doble de Pujadó, 'Brassens, llum i ombra'.

sábado, 18 de junio de 2011

Jacques Canetti, el padrino de 'la chanson' (I)


Cuando se repasa la biografía de las figuras más interesantes e importantes de la música francesa de los años 50 y 60 -en los que 'la chanson' brilló en todo su esplendor- de modo inevitable se encuentra una referencia crucial, un hombre llamado Jacques Canetti. Él convenció a Georges Brassens, que sólo pretendía ser un compositor de canciones, de que cantase sus creaciones; él logró que Jacques Brel abandonase Bruselas y la gris seguridad del negocio de cartonería familiar para iniciar en París su extraordinaria aventura.


Jacques Brel ~ Quand on n'a que l'amour por FairPlayOnly

Jacques Canetti no sólo tenía un olfato extraordinario para detectar el talento allí donde se encontraba, incluso semioculto bajo la timidez y la autocrítica de sus portadores, sino que poseía la fe, el entusiasmo y la tenacidad necesarias para convertir sus corazonadas en evidencias incontestables, subrayadas generalmente por el éxito popular. Esa es la razón por la que constituye una figura ineludible a la hora de hablar del mejor momento histórico del que llegaría a ser un género de culto en todo el mundo: la Chanson, que, entre lo popular y lo literario, mostró que la canción popular no tiene por qué ser necesariamente estúpida y/o frívola.

Jacques era el hermano pequeño del escritor Elias Canetti, ganador del Nobel de Literatura de 1981. Como él, junto a su madre, vivió el extrañamiento de su Bulgaria natal para trasladarse sucesivamente a Austria, Suiza, Alemania, Gran Bretaña y Francia tras la muerte del padre, comerciante acomodado de origen sefardí (1).



Su pasión era la música y la primera manifestación de esa inclinación fue el jazz. Con apenas 20 años ya organiza giras de 'jazz hot' (2) por las ciudades universitarias y poco después es el primero en hacer actuar en Francia a figuras de la talla de Louis Armstrong, Duke Ellington o Cab Calloway.

Cuando en 1935, de regreso de un viaje a Alemania, el publicista Marcel Bleustein-Blanchet, por igual seducido e inquieto ante el rumbo que la radio ha tomado en el país gobernado por Adolf Hitler, decide crear Radio Cité nombra a Canetti director artístico. El nuevo concepto radiofónico, que incluye por primera vez en Francia un informativo diario, encuentra en las iniciativas de Canetti su necesario contrapeso de entretenimiento, especialmente a través de un programa-concurso de intérpretes de canciones que concentra la atención de la audiencia.



En Radio Cité, de la mano de su director artístico, lograrán al conocimiento y el reconocimiento popular dos figuras de la talla de Edith Piaf y del autor, compositor e intérprete (ACI) Charles Trenet. La Chanson despegaba.



En 1967, alcanzada la cima del éxito, Jacques Brel expresó su agradecimiento a Canetti, que le había apoyado sin desmayo durante sus primeros tres duros años de inicio en París de este modo: irónico: «Usted ha tenido el mérito de sacarme de mi agujero, pero, en suma, usted me ha dicho lo que era probablemente evidente y, como usrted era Canetti, eso me ha dado el impulso necesario para hacer lo que yo tenía ganas de hacer en mi fuero interno. ¡Es usted quien debe decirme gracias! Yo he hecho honor a su reputación de descubridor"

Aparte de los ya citados, la nómina de los descubiertos por Elías Canetti es tan extensa como brillante: Guy Béart, Serge Gainsbourg, Boris Vian, Francis Lemarque, Félix Leclerc, Mouloudji, Boby Lapointe, Anne Sylvestre, Maurice Fanon, Leny Escudero, Claude Nougaro, Jacques Higelin, Henri Salvador, Brigitte Fontaine, Serge Reggiani...

Continuará.

Pie de foto: Conjunción de talentos en casa de Canetti en 1970: De izquierda a derecha, Georges Brassens, Jacques Brel, el escritor Jean-Pierre Chabrol y Guy Beart.

Nota: Escribir sobre Jacques Canetti era un viejo propósito, aplazado siempre hasta ahora por la extensión que imaginaba que habría de tener. Lo inicio hoy sin una previsión aproximada de la extensión que alcanzará, pues no sólo tratará de Canetti, sino también de los artistas -algunos poco conocidos en Españas- que se beneficiaron de su labor entusiasta e incansable.

(1) La estirpe de los Canetti tiene su origen (y debe su apellido) en la judería de Cañete (Cuenca), población de la que Elías fue declarado Hijo Adoptivo.

(2) Jazz anterior a 1930

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jueves, 13 de mayo de 2010

Joaquín Carbonell, con Brassens o sin él

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El turolense Joaquín Carbonell es un cantautor integrante de la llamada 'Nueva canción aragonesa', que tuvo en José Antonio Labordeta su centro y referencia más relevante. Campechano y socarrón, no se pudo encontrar mejor adaptador que él para las grandes canciones de Georges Brassens, con las que realizó un gran trabajo. En esta canción (arriba) repasa con humor las ironías del tiempo. La otra es el celebérrimo 'Gorila' del francés. Debería ser más conocido en España, pero, entre otras razones para que no lo sea, no vive de la canción, sino del periodismo.

domingo, 29 de octubre de 2006

25 años sin Brassens





Hoy hace 25 años que murió Georges Brassens, según me entero por ‘Le Monde’. ¡Como pasa el tiempo! No recuerdo si entonces escribí algo porque en el año 81 andaba muy ocupado mañana tarde y noche. Tampoco tengo ahora tiempo de extenderme ni de buscar lo que escribí (si lo hice) y autoplagiarme, o por lo menos intertextualizarme moderadamente, que es lo que ahora mola más.

Brassens fue una de las tres deidades principales (con Jacques Brel y Leo Ferré) de la canción de autor en francés en tiempos en los que en Francia la canción de autor era casi toda la canción. Sus 25 años criando malvas no le han relegado al olvido. Los homenajes a su persona, incluso por parte de la nueva generación de cantantes y grupos franceses son frecuentes y las reediciones de sus grabaciones y actuaciones filmadas encuentran un mercado bien dispuesto.

Brassens fue un iconoclasta anarquizante y desenfadado que tenía la virtud de acelerar la producción de ácidos gástricos entre la burguesía gala. Sus canciones siguen vivas precisamente por el ingenio y la virulencia que caracterizaba a muchas de ellas.

Esto es un breve homenaje y esta, la traducción de una de sus canciones más célebres, “El gorila”, que interpreta en el video:

A través de grandes rejas/ las féminas del barrio/ contemplaban a un poderoso gorila/ sin pensar en el qué dirán./ Con impudor las comadres/ escrutaban un lugar preciso/ que rigurosamente mi madre/ me ha prohibido citar aquí. ¡Ojo al gorila!

De pronto la prisión bien cerrada/ donde vivía el bello animal/ se abre a saber por qué. Yo supongo/ que debieron cerrarla mal./ Saliendo de su jaula el mono/ dice “es hoy cuando la pierdo”/ Hablaba de su viginidad./ ¡Espero que lo habías adivinado!./ ¡Ojo al gorila!

El jefe del zoológico/ gritaba agitado ¡“Mecagüental!/ Es terrible porque el gorila/ nunca ha conocido hembra"./ Cuando la femenina multitud/ supo que el gorila era virgen/ en lugar de aprovechar la suerte/ salió disparada como un tiro./ ¡Ojo al gorila!

Aquellas que allí mismo antes/ le devoraban con ojo decidido/ huyeron probando que no tenían/ coherencia con sus ideas/ Su temor era tan vano/ porque el gorila es un cachondo/ superior al hombre en la erección./ Muchas mujeres os lo dirán./ ¡Ojo al gorila!

Todo el mundo se precipita/ fuera del alcance del mono en celo/ salvo una vieja decrépita/ y un joven juez de madera seca./ Viendo que todas salen espantadas el cuadrúmano aceleró/ su balanceo hacia las ropas/ de la vieja y el magistrado./ ¡Ojo al gorila!

”¡Bah!, suspiraba la centenaria/ que todavía se me pueda desear/ sería extraordinario/ y para decirlo todo inesperado”./ El juez pensaba impasible/ “que se me tome por una mona/ es compelatamente imposible.”/ Los hechos probaron que no./ ¡Ojo al gorila!

Suponed que uno de vosotros pueda estar,/ como el mono, obligado a/ violar a un juez a un ancestro./ ¿cuál elegiría de los dos?/ Si semejante alternativa/ me urge uno de estos cuatro días/ es, estoy convencido, la vieja/ quien sería objeto de mi elección./ ¡Ojo al gorila!

Pero por desgracia si el gorila/ en los juegos de amor vale su precio/ se sabe que en cambio no brilla/ ni por el gusto ni por el espíritu./ Entonces, en lugar de optar por la vieja/ como hubiera hecho otro cualquiera/ cogió al juez de la oreja/ y le arrastró a un seto./ ¡Ojo al gorila!

La continuación sería deliciosa./ Desgraciadamente no puedo/ contarla y es lamentable,/ nos hubiera hecho reir un poco/ porque el juez, en el momento supremo,/ gritaba ¡mamá!, lloraba mucho/ como el hombre que ese mismo día/ él había hecho cortar el cuello./ ¡Ojo al gorila!