Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos, pese a que, con mucha frecuencia, es la más valiosa.
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martes, 23 de octubre de 2012

De plaza en plaza por París, con Georges Brassens



París, la 'ville lumiére', es un tema recurrente en la canción francesa y está presente en muchas composiciones musicales en otros idiomas. Sin duda es la ciudad más cantada de la historia y los motivos son obvios. Aquí Georges Brassens retoma una canción ajena, compuesta en 1905, para llevarnos de plaza en plaza, por grandes y pequeñas, a través de la geografía urbana de la capital francesa. El vídeo ofrece magníficas imágenes y al final, entre gorjeos de pájaritos, algunas aclaraciones sobre el contenido de la canción. Este es un hermoso viaje gratuito, una ocasión para recordar o para generar el imperioso deseo de conocer la capital de Francia.

domingo, 30 de octubre de 2011

30 aniversario de Brassens: 'Les passantes'



Ayer se cumplieron 30 años de la muerte de Georges Brassens y yo lo olvidé, pese a que días atrás había tomado nota del aniversario. A instancias del actor Lino Ventura el cantautor interpreta ‘Les Passantes’, cuya letra pertenece a un poeta, Antoine Pol, cuya memoria sólo ha salvado del olvido esta canción. Maxime Le Forestier, presente en el mismo programa de TV y aventajado discípulo del maestro de Sète junto a Georges Moustaki, se suma en algunas estrofas. 
Traducción de la letra:
“Quiero dedicar este poema/ a todas las mujeres que uno ama/ durante algunos instantes secretos;/ a esas que apenas se conoce,/ que un destino diferente arrastra/ y que nunca se vuelven a hallar.
A esa que se ve aparecer/ un segundo en su ventana/ y que presto se desvanece/ pero cuya esbelta silueta/ es tan graciosa y frágil/ que a uno le deja alborozado.
A la compañera de viaje/ cuyos ojos, encantador paisaje,/ hacen parecer corto el camino;/ que uno es el único, quizás, en comprender/ y que se deja sin embargo bajar/ sin haber rozado su mano.
A la fina y flexible bailarina/ que te pareció triste y nerviosa/ una noche de carnaval;/ que quiso quedar desconocida/ y que nunca ha vuelto/ a girar en otro baile.
A esas que ya están tomadas/ y que viviendo horas grises/ junto a un ser demasiado diferente/ te han, inútil locura,/ dejado ver la melancolía/ de un porvenir desesperanzador.
Caras imágenes divisadas, / esperanzas de un día frustradas,/ estaréis mañana en el olvido./ A menos que la felicidad ocurra/ es raro que uno recuerde/ los episodios del camino.
Pero si se ha malgastado la vida/ se piensa con un poco de envidia/ en todos esos goces entrevistos, / en los besos que no se osó tomar,/ en los corazones que deben esperarnos,/ en los ojos que no se han vuelto a ver.
Entonces, en las noches de lasitud,/ totalmente poblada su soledad/ por los fantasmas del recuerdo,/ se lloran los labios ausentes/ de todas esas bellas fugaces/ que no se ha sabido retener.”