Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos, pese a que, con mucha frecuencia, es la más valiosa.
Mostrando entradas con la etiqueta Juliette Greco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juliette Greco. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de agosto de 2010

Dayna Kurtz: 'Parlez-moi d'amour'



'Parlez-moi d'amour', de Jean Lenoir, es una de esas canciones inmortales que transitan, inmutables, las generaciones. Popularizada por primera vez en 1930 por Lucienne Boyer, revisitada más tarde con éxito por Juliette Greco y, en tiempos más recientes, reinterpretada por Nana Mouskouri, también ha seducido a Dayna Kurtz, una de las cantautoras estadounidenses más sólidas e interesantes de los últimos años, que la interpreta, respetuosamente, en su lengua original con el exclusivo acompañamiento de una guitarra.

lunes, 7 de mayo de 2007

Juliette Gréco: Dos canciones de resistencia

La derecha ha ganado las elecciones en Francia. La patria de la revolución es ahora conservadora. O se deja llevar por espejimos 'neocons' ante la crisis de identidad de la izquierda. Si en el post de ayer Jean Ferrat evocaba La Comuna y el horror de la represión protagonizada por Thiers, hoy es Juliette Greco quien evoca aquella efeméride crucial a traves del que fue su himno poético, 'Le temps de cerises'.

Hay otra Francia, la del 47 por 100 que no cree ni quiere a Sarkozy. Esa es la Francia que yo amo, la que antepone la esperanza al miedo y lucha por una sociedad mejor para todos. Sin ella Europa es una palabra vacía de sentido.

Canta Juliette Gréco. Concierto en Vienne en 1988.






Le temps des cerises (Letra: Jean-Baptiste Clément. Música: Antoine Renard 1867)

Cuando cantemos el tiempo de las cerezas/ Y alegre ruiseñor y mirlo burlón/ Estén todos de fiesta/ Las bellas tendrán la locura en la cabeza/ Y los enamorados sol en el corazón./ Cuando cantemos el tiempo de las cerezas/ Silbará mucho mejor el mirlo burlón.

Pero es muy corto el tiempo de las cerezas/ En el que dos se van a arrancarlas soñando/ Pendientes de orejas/ Cerezas de amor de ropas parejas/ Cayendo bajo la hoja como gotas de sangre./ Pero es muy corto el tiempo de las cerezas/ Pendientes de coral que se arrancan soñando.

Cuando estéis en el tiempo de las cerezas/ Si tenéis miedo de las penas de amor/ Evitadlas, bellas./ Yo que no temo las penas crueles/ No viviré sin sufrir un día./ Cuando estéis en el tiempo de las cerezas/ Tendréis también penas de amor.

Yo siempre amaré el tiempo de las cerezas./ Es de ese tiempo del que guardo en el corazón/ Una herida abierta/ Y Dama Fortuna, si me la ofrecieran,/ No sabría nunca calmar mi dolor./ Yo siempre amaré el tiempo de las cerezas/ Y el recuerdo que guardo en el corazón.

Mon fils, chante (Maurice Fanon, Gérard Jouannest 1976)

Para quienes entran en la danza/ En nombre de la gran esperanza/ Con desprecio de su vida/ Canta, hijo mío./ Para los que luchan por la vida/ Sin otras armas que su vida/ Para que ellos vivan mucho tiempo/ Canta, hijo mío./ Para quienes combaten la noche/ Por el día en que el sol lucirá/ Para todos los hombres/ Canta, hijo mío./ Para quienes mueren en camisa/ Al alba del tiempo de las cerezas/ Bajo los ojos de los fusiles/ Canta, hijo mío.

Hijo mío y tu, el hijo/ Que nacerá de mi hijo/ Mientras que muere la libertad/ Para que la libertad/ Viva en todo el mundo/ Hijo mío, hay que cantar.

Para quienes empujan sin esperanza/ La puerta estrecha de la historia/ En nombre del ideal/ Canta, hijo mío/ Para quienes son arrastrados a la oscuridad/ Sobre el suelo del último corredor/ De las cámaras de tortura/ Canta, hijo mío./ Para los que no verán ya nunca/ El rojo sol de mayo/ En el puerto de El Pireo/ Canta, hijo mío./ Para quienes hasta la muerte/ Tienen la fuerza de vivir todavía/ Para los que van a vivir/ Canta, hijo mío.
Hijo mío y tu, el hijo…

miércoles, 7 de febrero de 2007

Juliette Gréco: 80 años

Gréco tiene miliones en la voz, millones de poemas.
Jean-Paul Sartre

Hoy cumple 80 años Juliette Gréco, un monumento vivo de la mejor canción francesa. La suya ha sido una larga, densa e intensa carera artística en la música, el cine y el teatro desde que, casi adolescente, se convirtiera en la niña mimada de la intelectualidad parisina de la posguerra, hasta el punto de ser conocida como ‘la musa del existencialismo’.
En la proximidad de escritores de la talla de Sartre, Camus, Mauriac, Queneau o Lafforgue la natural inclinación artística de la joven encontró un referente imprescindible de exigencia intelectual y artística para la elección de las canciones a interpretar que ha sido clave en su dilatada y ejemplar trayectoria. Fue precisamente Sartre quien, paternalmente, le indicó algunos poemas que podría cantar y la encaminó hacia el compositor ideal para hacerlo: Joseph Kosma.



El fino olfato que generó la dama de negro (un vestido largo y sobrio de ese color ha sido siempre su ‘uniforme’ de combate en los escenarios) le ha conducido siempre a seleccionar aquello que realmente brillaba con luz propia y original entre la vulgaridad en la que siempre ha sido generosa la canción popular. A los poemas musicados no tardaron en relevarlos las canciones de poetas-músicos, señaladamente Jacques Brel, Boris Vian, Leo Ferré o Serge Gainsbourg.
Con su criterio poético y su espíritu libertario la ya octogenaria gran dama de la canción francesa ha construido un repertorio ejemplar. Sólido, bello, sensible, sensual. Un repertorio Gréco. Porque no hay nadie igual ni comparable a ella.
En 2003, a los 77 años, la artista, que había frenado su ritmo tras sufrir un infarto sobre el escenario en mayo de 2001, presentó un disco (*), coherente con su trayectoria, en el que introducía catorce canciones firmadas por algunos de los más recientes herederos de la mejor canción francesa como Benjamín Biolay o Miossec. En él sigue estando la mejor Gréco, la que ‘dice’ la canción como nadie.



El título de ese disco es también un homenaje a un ‘rara avis’ de la canción francesa, Gérard Manset, de quien reproduce parte de un poema que reza “Aimez-vous les uns les autres ou bien disparaissez” (“amaos los unos a los otros o desapareced”). En declaraciones a ‘L’Humanité’ con ocasión de la presentación de ese disco en el Olympia Juliette justificó así la elección de tal título:
“Si no hay amor, respeto, sorpresa, maravillamiento, no hay nada en absoluto. Estamos haciendo una generación de gente que no se ven más que en el espejo. No miran a su alrededor. Están cada vez más solos, son cada vez más desconfiados, cada vez más inquietos. No desesperados, pero sin esperanza, lo que les conduce a convertirse en desesperados cualquier día. Yo estoy inquieta por ese mundo. Mi hija pequeña tiene la intención de tener un niño. Yo me pregunto qué mundo encontrará esa criatura.”
¿Cómo no compartir esa inquietud a la vista del signo oscuro de los tiempos?
Bon anniversaire, Juliette.



(*) En diciembre de 2006 ha publicado un nuevo disco, ‘Le temps d’une chanson’, esta vez con los clásicos ineludibles de la canción francesa.