Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos, pese a que, con mucha frecuencia, es la más valiosa.
Serge Reggiani (1922-2004) es mejor conocido fuera de Francia por su faceta de actor con un extensa filmografía y numerosas obras de teatro a sus espaldas que por la de cantante. Ello no impide que en su país de adopción (nació en Italia) esté considerado por varias generaciones como uno de los representantes ‘mayores’ de la chanson. Admiración y cariño acompañaron siempre a esta figura tierna y familiar. Y mucho más cuando el suicidio de su hijo Stéphan, cantante como él, a los 35 años le sumió en la depresión y el alcohol, separándole casi de toda actividad.
Hijo de italianos antifascistas que se exiliaron en Francia ante el avance imparable de Mussolini y sus camisas negras, pese a su timidez innata destacó desde la adolescencia por su talento como actor. En la canción, sin embargo, habrá de sobrepasar la cuarentena para grabar su primer disco, bajo el impulso de aquél buscador y descubridor de talentos que fue Jacques Canetti (al que debo al menos un post) y que le oyó cantar en casa de Yves Montand y Simone Signoret, de los que ambos eran amigos.
Las canciones de aquel raro genio llamado Boris Vian que integraron su primera entrega discográfica se convirtieron oro en la voz de Reggiani. Era el año 1965 y los temas del disco, de espíritu sarcástico e irreverente, encontraron en la juventud que unos años después se echaría a la calle para exigir libertad el caldo de cultivo adecuado. Entre aquellas canciones se encontraba ‘La java des bombes atomiques’, que se reproduce al pie.
‘Sarah’ es una canción compuesta por Georges Moustaki, a quien las interpretaciones de Reggiani y su éxito volvieron a situar en el mapa de la música francesa tras el éxito alcanzado en su colaboración con Edith Piaf, para la que escribió ‘Milord’. Tanto que él mismo grabaría sus canciones y obtendría una gran éxito con ‘Le Méteque’.
Reggiani introducía siempre la canción declamando un fragmento del poema de Charles Baudelaire ‘Je n'ai pas pour maîtresse une lionne illustre’ (‘No tengo por amante a una leona ilustre’).
Intro:
Si vous la rencontrez, bizarrement parée,
Se faufilant, au coin d'une rue égarée,
Et la tête et l'oeil bas comme un pigeon blessé,
Traînant dans les ruisseaux un talon déchaussé,
Messieurs, ne crachez pas de jurons ni d'ordure
Au visage fardé de cette pauvre impure
Que déesse Famine a par un soir d'hiver,
Contrainte à relever ses jupons en plein air.
Cette bohème-là, c'est mon tout, ma richesse,
Ma perle, mon bijou, ma reine, ma duchesse...
Canción:
La femme qui est dans mon lit
N'a plus 20 ans depuis longtemps
Les yeux cernés
Par les années
Par les amours
Au jour le jour
La bouche usée
Par les baisers
Trop souvent, mais
Trop mal donnés
Le teint blafard
Malgré le fard
Plus pâle qu'une
Tâche de lune.
La femme qui est dans mon lit
N'a plus 20 ans depuis longtemps
Les seins si lourds
De trop d'amour
Ne portent pas
Le nom d'appas
Le corps lassé
Trop caressé
Trop souvent, mais
Trop mal aimé
Le dos vouté
Semble porter
Des souvenirs
Qu'elle a dû fuir.
La femme qui est dans mon lit
N'a plus 20 ans depuis longtemps
Ne riez pas
N'y touchez pas
Gardez vos larmes
Et vos sarcasmes
Lorsque la nuit
Nous réunit
Son corps, ses mains
S'offrent aux miens
Et c'est son cœur
Couvert de pleurs
Et de blessures
Qui me rassure
Traducción:
Si la encuentran extrañamente ataviada/ deslizándose en la esquina de una calle descarriada/ y la cabeza y la mirada baja como una paloma herida/ arrastrando en los arroyos un talón descalzo/ Señores, no escupan blasfemias ni groserías/ al rostro maquillado de esa pobre impura/ que la diosa Hambruna ha forzado/ por una noche de invierno a levantar sus enaguas al aire./ Esa bohemia es mi todo, mi riqueza/ mi perla, mi joya, mi reina, mi duquesa…
La mujer que está en mi lecho/ ya no tiene 20 años desde hace mucho tiempo/ los ojos cercados/ por los años/ por los amores/ día tras día/ la boca desgastada/ por los besos/ demasiado frecuentemente, pero/ demasiado mal dados/ la tez cenicienta/ a pesar del maquillaje/ más pálida que una/ mancha de la luna.
La mujer que está en mi lecho/ ya no tiene 20 años desde hace mucho tiempo/ los senos tan pesados/ de demasiado amor/ ya no llevan/ el nombre de encantos/ el cuerpo fatigado/ demasiado acariciado/ demasiado frecuentemente, pero/ demasiado mal amado/ la espalda curvada/ parece llevar/ los recuerdos/ de los que ha debido escapar.
La mujer que está en mi lecho/ ya no tiene 20 años desde hace mucho tiempo/ no os riais/ ni la toquéis/ guardad vuestras lágrimas/ y vuestros sarcasmos/ Cuando la noche nos reúne/ su cuerpo, sus manos/ se ofrecen a las mías/ y es su corazón/ cubierto de llantos/ y de heridas/ el que me conforta.
Cuando un gran poeta y un compositor no menos grande unen su trabajo no es difícil que nazca, bajo el disfraz banal de una canción popular, una pequeña obra de arte capaz de expresar sentimientos y emociones universales hasta un punto superlativo. Ese es el caso de “Les feuilles mortes”, cuya letra fue escrita por Jacques Prévert y la música, compuesta por Joseph Kosma (biografía en francés). Ambos mantuvieron una fértil colaboración, que en cierta medida recuerda a la que unió a Bertolt Brech y Kurt Weil (biografía en inglés).
Aparecida en 1946, son innumerables las versiones de “Les feuilles mortes” que han visto la luz hasta la fecha. La que aquí suena es la original, de Yves Montand.
Oh! je voudrais tant que tu te souviennes
Des jours heureux où nous étions amis.
En ce temps-là la vie était plus belle,
Et le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui.
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle.
Tu vois, je n'ai pas oublié...
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
Les souvenirs et les regrets aussi
Et le vent du nord les emporte
Dans la nuit froide de l'oubli.
Tu vois, je n'ai pas oublié
La chanson que tu me chantais.
C'est une chanson qui nous ressemble.
Toi, tu m'aimais et je t'aimais
Et nous vivions tous deux ensemble,
Toi qui m'aimais, moi qui t'aimais.
Mais la vie sépare ceux qui s'aiment,
Tout doucement, sans faire de bruit
Et la mer efface sur le sable
Les pas des amants désunis.
Traducción:
Oh, quisiera tanto que tu te acordaras/ De los días felices en que éramos amigos/ En aquel tiempo la vida era más bella/ Y el sol más ardiente que hoy/ Las hojas muertas se recogen a paladas/ Tú ves, yo no he olvidado…/ Las hojas muertas se recogen a paladas/ Los recuerdos y los pesares también/ Y el viento del norte los traslada/ Hacia la noche fría del olvido/ Tú ves, yo no he olvidado/ La canción que tu me cantabas.
Es una canción que se nos parece/ Tú, tú me amabas y yo te amaba/ Y nosotros vivíamos juntos/ Tú que me amabas, yo que te amaba/ Pero la vida separa a los que se aman/ Muy suavemente, sin hacer ruido/ Y el mar borra sobre la arena/ Los pasos de los amantes desunidos.
La versión original del poema incluía una tercera estrofa que nadie parece cantar. Incluso muchas versiones se centran exclusivamente en el estribillo (C’est une chanson…), que es la parte más popular de la música. El propio Montand tiene otra versión en esas condiciones. Personalmente lo considero una lamentable mutilación.
Las bellas imágenes otoñales del vídeo son escenas de Québec. La única versión en vídeo que he logrado encontrar interpretada por Yves Montand es la mutilada.
Periodista, escritor y cantautor. Desde finales de los años noventa, participa activamente en Internet como webmaster y blogger. Su actividad profesional como periodista estuvo ligada gran parte de su vida a 'El Diario Montañés', donde ejerció como redactor jefe desde 1974 hasta 2009. Entre 1981 y 1984 compatibilizó ese trabajo con la dirección de 'Hoja del Lunes', editada por la Asociación de la Prensa de Cantabria. Como poeta, figura en la antología 'Poetas de Cantabria hoy' de Luis Alberto Salcines y varias entregas de sus poemas fueron publicadas en la revista 'Peña Labra', editada por la Institución Cultural de Cantabria. En 2011 publicó el libro 'Un fracaso ineludible y otros relatos' (Ediciones El Desvelo) y en 2013 'Olivier o el secreto', única novela de Claire de Duras no traducida al castellano hasta la fecha. Como cantautor, formó parte en los últimos años sesenta del colectivo 'Canción del Pueblo' y participó en la génesis del colectivo de cantautores Cantera en los noventa. Editó el disco 'Tierra de Nadie' en 1998. Las canciones correspondientes a otros dos proyectos, 'Nación Humana' y 'Brel en español' están siendo publicadas en Internet.