Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos, pese a que, con mucha frecuencia, es la más valiosa.
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lunes, 20 de junio de 2011

Jacques Canetti, el padrino de 'la chanson' (II)

La segunda guerra mundial sorprende a Jacques Canetti en París, donde es director artístico de Polydor, discográfica para la que, en 1933, había logrado que Marlene Dietrich -famosísima entonces, tras el éxito de 'El ángel azul'- grabase sus dos primeras canciones en francés (Polydor era filial de Deutsche Grammophon). La ocupación alemana, con la implantación de las leyes antijudías, fuerza a Canetti a trasladarse a la zona 'libre' (1), ayudado por la actriz Françoise Rosay.



En Toulouse encuentra a sus amigos Pierre Dac (humorista y actor) y Raymond Souplex (actor y cantante), entre otros, con los que decide organizar una cooperativa para montar espectáculos bajo las siglas ACPA (Artistes Chansonniers Parisiens Associés). Más tarde acompaña a la Rosay en una gira por Argelia y Túnez y a continuación realiza un extenso periplo por el norte de Africa con el fin de recaudar fondos para la red de resistencia 'Combat'. En Argel, la Opéra de Quatre Sous (Ópera de cuatro cvuartos), rebautizada Théâtre des Trois Ânes (Teatro de los Tres Asnos), llama a Canetti y el éxito es inmediato, convirtiéndose el teatro en una especie de institución local.

Terminada la guerra, de vuelta en París y en su trabajo en Polydor, Canetti descubre un buen día, en Pigalle, un local de baile semirruinoso y decide convertirlo en teatro, pequeño (250 plazas) pero suficiente para crear el gran banco de pruebas de la canción de autor francófona. En homenaje a su experiencia argelina lo bautiza 'Theatre des trois baudets' (Teatro de los tres burros') y llama a sus amigos de Argel para que lo inauguren (2). Su capacidad de convocatoria es prácticamente nula y la prensa se desentiende de la nueva sala. Tendrán que pasar cuatro largos meses para que los tres burros alcen el vuelo, en marzo de 1948.
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Artistas como Henri Salvador o Jacqueline François son responsables del incio del éxito, pero también es decisiva la participación, por primera vez, de dos ACI (autores compositores intérpretes), Jean-Roger Caussimon y Francis Lemarque. Para el teatro de Canetti termina la era de los 'chansonniers' y se inicia la de los cantautores, para quienes 'Les trois baudets' se convertirá en catalizador, pista de pruebas y lugar de encuentro. Las tertulias en 'Le chat noir', un establecimiento cercano, reunirán con el tiempo a la flor y nata de los ACI, con Boris Vian, Georges Brassens y Jacques Brel como grandes referencias y punto de atracción. De su 'troupe' de cantautores dijo Canetti: "no todos tenían voces particularmente bellas y ricas, pero todos decían bien lo que tenían que decir".



Mientras tanto, en Polydor, como director artístico llevaba incansablemente adelante una tarea que en una década permitiría a la discográfica exhibir en su catálogo el muestrario más prestigioso de artistas. Allí conoce a Aznavour, que en sus comienzos formó un duo muy eficaz e inseparable con el pianista Pierre Roche. También allí escucha las canciones de éxito que Louis (Loulou) Gasté compone para la que será su esposa, Line Renaud, de la que se convirtió en Pygmalión desde que ella tenía 16 años. Casi toda la nómina de la canción francesa pasó por las manos de Jacques Canetti, que también tuvo un papel decisivo en el descubrimiento de Michel Legrand.




Continuará.

(1) Entiéndase la parte de Francia 'entregada' al Gobierno de Vichy tras el armisticio firmado por el gfeneral Petain.

(2) El local estuvo hasta 1967 en manos de Canetti y posteriormente fue un sex shop y un cabaret erótico, acorde con el carácter que se atribuye a Pigalle, pero en 2009 reabrió sus puertas como teatro (cuenta también con dos bares y un restaurante), con apoyo de la Alcaldía de París y otros 'sponsors'. Por su sala Jacques Canetti pasan en la actualidad nuevos artistas de la música y la escena, como entonces.

jueves, 22 de febrero de 2007

Aznavour, la vejez fecunda



Nota: El video que aquí figuraba anteriormente ha sido retirado por Youtube en consideración a lo que se denomina "violación de las condiciones de uso", lo que quiere decir que quien detenta los derechos ha exigido su retirada. Es la tercera vez que esto ocurre con Aznavou. Quizás algún día entenderán todos esos avariciosos que nadie obtiene lucro alguno con estos pequeños videos que carecen de la suficiente calidad de imagen y de sonido y, sin embargo, contribuyen a mantener viva y a extender la memoria de ciertos artistas que seguramente no tendrían nada que objetar a su uso.

Mientras tanto, nos veremos forzados a hacer lo que yo hago hoy (2-2-2008): elegir otro video. En este caso, Aznavour se pone en la piel de un hombre que, a lo largo de los años, va de prisión en prisión, de celda en celda, condenado por un delito de opinión, cuya existencia todavía sostienen muchos países en el mundo.


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A punto de cumplir 83 años, Charles Aznavour (N. 22 de mayo de 1924) dice adiós a la escena. Así lo admite, sin especial énfasis ni convicción, en la entrevista a página completa que le dedicó Le Monde el pasado día 20.

“Aznavour, el más grande de los crooners”, titula el diario, introduciendo al cantante-compositor en un palmarés en el que figuran como principales estrellas Frank Sinatra o Bing Crosby, pese a que ambos rechazaban ser clasificados en esa categoría (cantante romántico o sentimental). Aznavour es, en efecto, en mayor medida que ellos el crooner por excelencia. Centenares de canciones de amor, nostalgias y lamentos así lo atestiguan.

Shahnour Varinag Aznavourian, devenido Charles Aznavour por razones obvias de comercialidad, nació en París, hijo de artistas de origen armenio escapados de las masacres de las que su pueblo era víctima a manos de los turcos. La suerte le visitó cuando conoció a la impar Edith Piaf, figura crucial para tantos artistas (Yves Montand y Georges Moustaki entre ellos), quien tras oirle cantar se lo llevó de gira a Estados Unidos.

Piaf fue, junto a Maurice Chevalier y Charles Trenet, una de las grandes influencias artísticas para el pequeño Aznavour; pequeño de talla (el sarcástico Jacques Brel decía que era el único hombre del mundo que podía ponerse completamente de pie dentro de su limusina), que no de genio ni de personalidad.

Es sin duda el cantante y compositor francés que mayor éxito internacional ha alcanzado. Y no es ajeno a ello el hecho de que es capaz de cantar de modo perfectamente inteligible en seis idiomas (francés, inglés, español, italiano, ruso y alemán) y que ha grabado en todos esos idiomas. Pero la clave de su éxito extraordinario, por el que nadie habría apostado en base a su aspecto y a su voz velada y discreta, es su capacidad para crear melodías y letras que llegan al corazón y se pegan al oído.

Tal vez su sentimentalidad no es demasiado apreciada en estos tiempos, pero muchas de sus canciones quedarán en el recuerdo de varias generaciones en buena parte del mundo y algunas de ellas se han convertido en estándares (Venecia sin ti, La Bohéme, Formi formidable, Et pourtant…) que volverán una y otra vez a nosotros a lo largo de los años en otras voces.

Su último disco, ‘Colore ma vie’ (Colorea mi vida), que ve la luz precisamente en estos días, tiene inspiración latina y cuenta con la señalada colaboración del pianista cubano Chucho Valdés, referente ineludible del latin-jazz.

Curiosa evolución la del último Aznavour, que grabó en Cuba durante casi un mes. No sólo hay en su disco un nuevo estilo, sino también una toma de conciencia en temas ecológicos o políticos que hasta ahora le eran casi totalmente ajenos.