Sólo la música que me gusta, me llega, me parece necesaria. Toda esa música que, con frecuencia, los medios se empeñan en impedir que escuchemos, pese a que, con mucha frecuencia, es la más valiosa.
Una mujer se ha perdido conocer el delirio y el polvo, se ha perdido esta bella locura, su breve cintura debajo de mí. Se ha perdido mi forma de amar, se ha perdido mi huella en su mar.
Veo una luz que vacila y promete dejarnos a oscuras. Veo un perro ladrando a la luna con otra figura que recuerda a mí. Veo más: veo que no me halló. Veo más: veo que se perdió.
Una mujer innombrable huye como una gaviota y yo rápido seco mis botas, blasfemo una nota y apago el reloj. Que me tenga cuidado el amor, que le puedo cantar su canción.
La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.
Una mujer con sombrero, como un cuadro del viejo Chagall, corrompiéndose al centro del miedo y yo, que no soy bueno, me puse a llorar. Pero entonces lloraba por mí, y ahora lloro por verla morir.
No sé precisar con exactitud cuándo, pero fue en la segunda mitad de los 70 cuando alguien me habló en términos muy elogiosos de Silvio Rodríguez y se ofreció a grabarme una cinta con una recopilación de sus temas. Fue un deslumbramiento. Nunca había oído a nadie ni parecido.
Durante meses aquellas canciones fueron el leitmotiv de muchos de mis momentos de ocio y la voz, la guitarra y las letras de Silvio se me hicieron extraordinariamente familiares. Luego, sus discos me han acompañado muy a menudo. Unos me gustaron más, otros menos, alguno nada, tal vez porque yo le había situado a tal altura (o él la había alcanzado) que no era fácilmente repetible la intensidad y la originalidad de ciertas cimas.
No por ello ha dejado de ser extraordinario. Aquí y allá, en sus discos más recientes, surge la chispa de la genialidad, el brillo de la metáfora, la verdad imprescindible en la expresión. Y aún hoy, cuando tantos han tratado de emularle, sigue siendo único, inimitable, magistral.
Por eso inicio hoy este pequeño homenaje a lo largo del cual irán apareciendo algunas de las canciones emblemáticas del cantautor cubano que revolucionó la canción de autor. Lamentablemente sólo estarán aquí, de entre todas las que me gustan, aquellas cuyos vídeos están en Youtube y tienen una imagen y un sonido aceptables.
La que hoy suena tiene por título "La familia, la propiedad privada y el amor", acaso más propio para una ensayo sociológico, pero adecuado para situar en su marco real esta historia de amor imposible por razones ajenas a los sentimientos de sus protagonistas.
El derrumbe de un sueño, algo hallado pasando resultabas ser tú. Una esponja sin dueño, un silbido buscando resultaba ser yo
Cuando se hallan dos balas sobre un campo de guerra algo debe ocurrir que prediga el amor. De cabeza hacia el suelo una nube vendrá o estampidas de tiempo los ojos tendrán.
Fue preciso algo siempre y no fue porque tú tenías lazos blancos en la piel. Tú tenías precio puesto desde ayer Tú valías cuatro cuños de la ley Tú, sentada sobre el miedo de correr
Una buena muchacha de casa decente no puede salir. ¿Qué diría la gente el domingo en la misa si saben de ti? ¿Qué dirían los amigos, los viejos vecinos que vienen aquí? ¿Qué dirían las ventanas, tu madre y su hermana y todos los siglos de colonialismo español que no en balde te han hecho cobarde? ¿Qué diría Dios si amas sin la Iglesia y sin la ley? Dios, a quien ya te entregaste en comunión Dios, que hace eternas las almas de los niños que destrozarán las bombas y el napalm.
El derrumbe de un sueño, algo hallado pasando resultaba ser yo. Una esponja sin dueño, un silbido buscando resultabas ser tú.
Busca amor con anillos y papeles firmados y cuando dejes de amar ten presentes los hijos, no dejes tu esposo ni una buena casa y si no se resisten, serruchen los bienes que tienes derecho también porque tú tenías lazos blancos en la piel. Tú tenías precio puesto desde ayer Tú valías cuatro cuños de la ley Tú, sentada sobre el miedo de correr.
Periodista, escritor y cantautor. Desde finales de los años noventa, participa activamente en Internet como webmaster y blogger. Su actividad profesional como periodista estuvo ligada gran parte de su vida a 'El Diario Montañés', donde ejerció como redactor jefe desde 1974 hasta 2009. Entre 1981 y 1984 compatibilizó ese trabajo con la dirección de 'Hoja del Lunes', editada por la Asociación de la Prensa de Cantabria. Como poeta, figura en la antología 'Poetas de Cantabria hoy' de Luis Alberto Salcines y varias entregas de sus poemas fueron publicadas en la revista 'Peña Labra', editada por la Institución Cultural de Cantabria. En 2011 publicó el libro 'Un fracaso ineludible y otros relatos' (Ediciones El Desvelo) y en 2013 'Olivier o el secreto', única novela de Claire de Duras no traducida al castellano hasta la fecha. Como cantautor, formó parte en los últimos años sesenta del colectivo 'Canción del Pueblo' y participó en la génesis del colectivo de cantautores Cantera en los noventa. Editó el disco 'Tierra de Nadie' en 1998. Las canciones correspondientes a otros dos proyectos, 'Nación Humana' y 'Brel en español' están siendo publicadas en Internet.